El punto y coma también existe

Sabemos de gente que no lo ha usado nunca, pero el punto y coma también existe y tiene su utilidad. Aprender dónde soltarlo nos hará escribir mejor.

Uso del punto y coma

Todo el mundo estudió que el punto y coma era un signo de puntuación que marcaba una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto, algo intermedio. Sin embargo, eso no es decir mucho, porque a la gente no le queda claro dónde colocarlo ni cuál es ese punto medio.

El punto y coma se usa tan poco que, cuando alguien lo domina, resulta hasta elegante. Tener la clave del punto y coma, saber ponerlo si viene al caso, nos va a ayudar a escribir mejor.

Primera ocasión para poner un punto y coma

Si queremos escribir bien, hay que usar el punto y coma cuando hacemos una enumeración de frases relacionadas que ya llevan comas. Por ejemplo:

  • Mi padre vino el domingo; mi madre, el lunes; mi marido, hoy por la mañana.
  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura; la cerveza, caliente.

En estos casos, si ponemos la conjunción antes del último elemento de la enumeración, podemos sustituir el punto y coma por una coma:

  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura, y la cerveza, caliente.

Segunda ocasión para poner un punto y coma

En las oraciones independientes que tienen relación entre sí ponemos punto y coma. Por ejemplo:

  • Todo el mundo a escribir; demostrad lo que sabéis.
  • Estamos haciendo obras en casa; hemos tirado tabiques, renovado el suelo….

En estas frases, el punto y coma podría sustituirse también por un punto y seguido, o incluso por dos puntos.

Tercera ocasión para poner un punto y coma

Antes de una frase que comienza por un conector adversativo, concesivo o consecutivo (pero, aunque, por lo tanto, sin embargo, no obstante…) se puede colocar un punto y coma. Por ejemplo:

  • Quiere demostrar que sabe utilizar el punto y coma; sin embargo, no siempre acierta.
  • Pone un montón de acentos cuando escribe; aunque en los lugares equivocados.

Otras veces no es necesario el conector, pero la segunda frase podría llevarlo, y se entiende su relación con la primera y su sentido contrapuesto. Aquí el punto y coma viene al pelo:

  • Mi padre escribe muy bien; a mí se me da fatal.

Cuando la segunda frase es corta se puede emplear una coma en lugar del punto y coma:

  • Escribe mucho, pero escribe mal.

Por el contrario, si la segunda frase es larga, se recomienda  utilizar un punto en lugar del punto y coma.

  • Escribe un rato todos los días desde que aprendió a hacerlo en la escuela. No obstante, sigue escribiendo con muchos errores y mala caligrafía.

Cuarta ocasión para poner un punto y coma

La RAE recoge una cuarta ocasión en la que aconseja poner punto y coma: detrás de cada elemento de una lista o relación que va detallada en líneas independientes:

La reunión de hoy tendrá los siguientes puntos:

  • punto y aparte;
  • punto y seguido;
  • punto y coma;
  • puntos suspensivos;
  • dos puntos;
  • punto final.

A nosotros no nos gusta este uso del punto y coma al final de cada línea. En Balloon también hacemos trabajos de diseño y maquetación, y nos parece que esta elección ensucia visualmente la página. Preferimos no poner nada o bien terminar con un punto.

Como se  ve en el ejemplo, estas enumeraciones empiezan con minúscula porque después del punto y coma se escribe siempre en minúscula; y la última línea termina con punto.

Una cosita más

El plural de punto y coma es invariable:

  • Tenéis que aprender a poner los punto y coma donde proceda.

Para que suene mejor, se puede recurrir a un truco:

  • Tenéis que aprender a poner los signos de punto y coma donde proceda.

Y dicho todo esto, los signos de puntuación son imprescindibles para comprender un texto y para hacernos entender con precisión, pero también son interpretables en algunas ocasiones. Ahí radica su encanto: pueden trasmitir una postura tajante, una duda, un estado de ánimo, un matiz… El uso del punto y coma es necesario a veces, pero otras resulta opcional y completamente subjetivo; aunque a nosotros nos gusta.

 

No nos gusta la Ley de Propiedad Intelectual

Nosotros no conocemos aún el Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual, pero todos los que trabajamos en redes sociales deberíamos estar muy preocupados.

Ley de Propiedad Intelectual

Teníamos el firme propósito de no polemizar, ser siempre políticamente correctos y no meternos con nadie (sobre todo para no molestar a nuestros clientes, ni actuales ni potenciales), pero el disparatado Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual ha hecho que se disparen nuestras alarmas y nos dispongamos a decir lo que buenamente nos parece.

Puede que muchos periodistas se sientan muy contentos pensando que van a pagarles unos derechos de autor por los contenidos que a diario escriben durante jornadas interminables, sometidos a régimen de semiesclavitud, en precariedad laboral y mal pagados, pero seguro que no va a ser así: probablemente la Ley de Propiedad Intelectual beneficie a los empresarios, AEDE, CEDRO, pero no revierta en los periodistas.

Somos periodistas

Nosotros somos periodistas, y no nos gusta esta ley. Creemos en la libertad de expresión, que es en lo que se basa la nueva información, la del siglo XXI; creemos en la necesidad de compartir; creemos que Internet es, además de un poderoso medio de comunicación, una herramienta imprescindible para el progreso, la democracia y los derechos individuales y sociales.

Por eso pensamos que cuando leemos un artículo que nos gusta debemos poder compartirlo con nuestra comunidad de amigos o de clientes. Igualmente, cuando vemos algo que nos indigna, queremos poner un enlace para que otros vean lo que nosotros vemos, para denunciar la última butade de tal o cual periodista o la ocurrencia de tal o cual político.

Cuando alguien enlaza algún post de nuestro blog, no nos molesta ni sentimos que deba pagarnos por ello: nos halaga. Estamos encantados de las menciones en Facebook y los retuits en Twitter, y ojalá Menéame quisiera colocarnos en su sitio, para bien o para mal.

Una ley basada en el pasado

Nos guste o no, Internet ya no es un trozo de papel que, a lo sumo, leen cuatro o cinco parroquianos en un café. El periodismo hoy es otra cosa. Y la solución para sobrevivir como periodistas no es poner concertinas al campo, sino adaptarnos a los nuevos tiempos.

Probablemente a este Gobierno, y a todos, sean del signo político que sean, no les gusten nada los sitios como Menéame. Pero miente cualquier empresa que diga que no le encantaría estar ahí. Menéame es visibilidad para la marca: que hablen de mí aunque sea bien.

Y lo mismo pasa con las redes sociales. Con la nueva ley, ¿qué sentido va a tener Twitter?, ¿y Facebook? El día en que no podamos enlazar contenidos que consideramos de interés para nuestros seguidores, los legisladores habrán conseguido, efectivamente, «regular» las redes sociales.

Esta ley nace anticuada porque está redactada por gente que no trabaja en redes sociales ni en Internet. Y, como suele ocurrir, protege a los grandes, a los que forman parte del lobby. ¿Los periodistas os habéis parado a pensar qué va a ser de vuestro trabajo? ¿Os vais a vender por la promesa de un puñado de monedas a cambio de una falta de acceso universal a la información? ¿Qué va a ser de los community manager que buscan contenidos de valor para su comunidad y los enlazan? ¿Tendrán que repercutir el coste a las empobrecidas pymes para las que trabajan? Con esta ley perdemos todos, porque tendremos menos libertad de expresión.

Marketing contra periodismo

Los profesionales del marketing y los periodistas nunca nos hemos llevado bien del todo. Ahora los periodistas debemos asumir nuestra derrota.

Periodistas o marketing

En Balloon somos periodistas, vaya por delante. No nos gusta quejarnos, pero no nos queda otro remedio. Las asociaciones de la Prensa y la Fundación Tripartita (integrada por el Servicio Público de Empleo Estatal, las organizaciones empresariales y las sindicales) no hacen más que ofertar «cursos gratuitos de marketing para periodistas». Nos llaman al reciclaje.

Y esto ocurre mientras se cierran más y más medios de comunicación, se plantea un ERE hoy y otro mañana, despidos masivos, sueldos de esclavitud, jornadas interminables y sustitución de veteranos por becarios (contra los que no sentimos ninguna inquina, pobres).

Tenemos que reconocerlo: o nos convertimos pronto en mercadólogos o no serviremos para nada. El redactor de mesa hoy se alimenta de las redes sociales y las alertas de Google porque no tiene tiempo de ir a ruedas de prensa y porque en las pocas que se convocan, a veces, ni siquiera se admiten preguntas.

El corresponsal es ya una especie en extinción. Incluso esos que secuestran y matan en conflictos bélicos son periodistas y fotógrafos autónomos que se malvenden a cambio de tarifas de subsistencia. A nadie le interesa lo que aporta un periodista, sino lo que puede vender.

Da igual que el periodista escriba bien, que ofrezca temas de interés para su comunidad, que esté al tanto de las últimas novedades. Nadie o casi nadie se dará cuenta de sus virtudes.

Somos diferentes

Obviamente, a periodistas y mercadólogos nos interesa que las empresas para las que trabajamos obtengan buenos resultados, pero la manera de conseguirlo es absolutamente diferente para unos profesionales y otros.

En Balloon tenemos clientes para los que escribimos contenidos. Unos nos valoran, y les estamos muy agradecidos. A otros les da igual lo que pongamos; de hecho, estamos seguros de que ni ellos mismos se leen (y seguro que no van a leer este post). Solo quieren saber a cuánto ascienden este mes sus fans, followers, suscriptores y megusta. No ven más allá de las estadísticas y, por supuesto, el número de conversiones.

Algunos directores de márquetin (o marketing como suelen denominarse a sí mismos) piden por adelantado la planificación del mes o de la semana para comprobar que las noticias que vayan a publicarse en sus redes sociales no choquen con sus intereses comerciales. Preguntan qué temas de «rabiosa actualidad» colgaremos dentro de diez días, por ejemplo. Es decir, no están dispuestos a que la realidad les arruine una buena venta. El devenir mundial no ocurre porque sí: lo deciden los expertos en márquetin.

¿Y dónde queda la actualidad? ¡Qué más da eso! A quién le importa si aparecen noticias de hace un mes en algunos blogs, tuits que han sido retuiteados 3000 veces en el curso de la última quincena; actualizaciones déjà vu en Facebook sustentadas por el pago al señor Zuckerberg y noticias que sospechosamente se ponen de moda cada equis tiempo, según las consignas comerciales.

Los blogs se escriben con criterios de posicionamiento, enlaces apropiados y abundancia de palabras clave. Es la consigna. No hay que escribir bien, sino escribir como Google manda. Si no lo haces así, nadie te encontrará.

Los periodistas hemos perdido la batalla.

¿Se escribe junto o separado? (II)

En el post anterior hablamos de locuciones que da igual si se escriben junto o separado; la RAE suele preferir que se escriban en una sola grafía, pero admite que se haga en dos. En esta entrada vamos a ver expresiones que se escriben siempre juntas, o siempre separadas o en dos palabras o en una dependiendo de su función y significado.

Se escribe junto o separado

Se escribe siempre junto

Apenas. Quiere decir un montón de cosas: escasamente, difícilmente, casi no, recientemente, en el momento en que… «Apenas se mueve», «Apenas trabajo con ellos», «Apenas hacía una hora que habíamos hablado», «Apenas termino de cenar y ya tengo hambre de nuevo». Apenas siempre va junto.

Se escribe siempre separado

A gusto. Quiere decir cómodamente, con placer. «Me siento muy a gusto a tu lado», «Me reí a gusto».

De repente. Va siempre separado, es un adverbio que indica que algo se aborda de forma súbita, inesperada, imprevisible.

En medio. Quiere decir que algo o alguien está en el centro o estorbando el paso: «Estaba en medio del pasillo».

Se escribe junto o separado, depende…

Hay locuciones que pueden escribirse junto o separado y da igual, pero otras pueden inducir a error y llevarnos a cometer una falta garrafal. Prestemos atención.

Acerca. Es una locución que precede a un complemento para expresar de qué se trata, sobre qué: «No sé mucho acerca de ese asunto».

A cerca. Cerca separado de la a expresa proximidad de tiempo, lugar, cantidad… «El virus afecta a cerca de un millón de personas».


Aparte. Tiene muchos significados y funciones: al margen de, excepto a, con omisión de, además de y puede ser adverbio, sustantivo, adjetivo y preposición. En todos estos casos se escribe junto: «Aparte de lo dicho, no tengo nada más que añadir», «Dejando aparte sus diferencias, le saludó cordialmente», «Bromas aparte, esto va en serio», «Este tipo es un caso aparte», «Hizo un aparte para dirigirse al público», «Aparte de ella, nadie más lo sabe».

A parte. Esto es otra cosa, se trata de una coincidencia de la preposición a seguida del sustantivo parte: «Esto no conduce a parte alguna», «Córtalo a partes iguales». Es decir, que podríamos asegurar que aparte se escribe siempre junto, salvo que nos encontremos en una frase con el sustantivo parte.


Contrarreloj. Puede escribirse junto o separado cuando se trata de un adjetivo: «La prueba contrarreloj se celebrará el martes», y también si es un sustantivo: «La contrarreloj fue emocionante».

Contra reloj. Es una locución adverbial que significa a toda prisa y que debe escribirse siempre en dos palabras: «Estoy trabajando contra reloj». Por cierto, es incorrecto poner antes la preposición a.


Demás. Expresa lo que queda, una parte del total. «A la demás gente le pareció raro», «Las demás personas se retiraron», «Lo demás me da igual», «Las demás cosas quedan pendientes», «Trataremos de todo lo demás», «Llevaremos comida, bebida y demás».

De más. Cuando coincide la preposición de con el adverbio de cantidad más se escribe separado: «Aquí no pinto nada; estoy de más», «No dijo ni una palabra de más».


Entorno. Es un sustantivo que designa el ambiente, lo que nos rodea, el medio natural. «El bebé estaba fuera de su entorno habitual», «Se crió en un entorno muy duro», «Hay que preservar el entorno». Sabemos que va junto cuando es sustantivo; esto es, que admitiría delante un artículo como el o un.

En torno. Es una locución adverbial que significa alrededor. «La familia se reunió en torno a ella», «Miró en torno suyo para descubrir algún indicio». También puede expresar cantidad aproximada: «Suelo caminar en torno a un kilómetro diario».


Mediodía. Cuando nos referimos a las 12 horas o al centro del día, se escribe en una sola palabra: «Se levanta a mediodía», «Mejor quedamos a mediodía y comemos juntas». También va en una palabra cuando se refiere al Sur o Mediodía.

Medio día. El adjetivo medio, mitad, y el sustantivo día se escriben siempre separados: «Se quedó solamente medio día», «Estuve medio día con dolor de cabeza».


Sinvergüenza. Para calificar o insultar a alguien se pone junto: «Este político es un sinvergüenza».

Sin vergüenza. La preposición sin más el sustantivo vergüenza se escriben siempre separados, indican que alguien hace algo sin cortarse, sin pudor: «Actuó sin vergüenza».


Sobretodo. Un sobretodo es un abrigo.

Sobre todo. Es una locución adverbial que siempre se escribe en dos palabras y significa especialmente, principalmente.


En un post anterior hablamos de algo que suele complicar mucho la vida a la gente: las variaciones de porque, por que, porqué y por qué.

Nos quedan algunas dudas sobre cuándo se escribe junto y cuándo separado, por ejemplo, en el caso de los prefijos o las variaciones de a sí mismo, así mismo y asimismo o sino y si no… Pero eso será otro día.

¿Se escribe junto o separado? (I)

Cada día tenemos dudas con la lengua, y muchas de ellas se refieren a si algo se escribe junto o separado.

Se escribe junto o separado

El insigne filólogo Víctor García de la Concha, hoy director del Instituto Cervantes, y antes de la RAE, contó recientemente que estaba escribiendo cuando le asaltó una duda, salió de su despacho y  preguntó a su secretaria si «a gusto» se escribía junto o separado. Y si esto le ocurre al maestro, qué no nos pasará al resto de los mortales.

He aquí una lista de expresiones que podemos escribir como nos dé la gana, junto o separado, sin dejar por ello de escribir bien.

Da igual junto que separado

¿Adonde o a donde? ¡Estamos de suerte! Hasta hace poco, había que diferenciar entre adonde con o sin antecedente expreso y a donde sin antecedente expreso, lo cual confundía a la gente. Ahora se puede escribir adonde o a donde en una o en dos palabras, como queramos. La misma libertad rige en el caso del  exclamativo o interrogativo adónde o a dónde con tilde: «¡Adónde vamos a parar!» o «¡A dónde vamos a parar!».

¿Aprisa o a prisa? Es preferible escribirlo en una sola palabra, pero nadie podría decir que hemos cometido una falta si lo escribimos separado.

¿Alrededor o al rededor? Puede escribirse en dos palabras, pero mejor que sea en una. Por cierto, no es correcto decir «alredor».

¿Bocabajo o boca abajo? Se escribe de las dos formas, mayoritariamente en dos palabras, pero se recomienda la forma junta: bocabajo, donde además se suprime una a.

¿Bocarriba o boca arriba? Se admiten las dos grafías, pero como en casos anteriores, se recomienda escribirlo en una sola palabra.

¿Deprisa de prisa? Se puede escribir junto o separado, pero se aconseja hacerlo en un una sola palabra.

¿Enfrente o en frente? Ambas maneras son válidas, pero mejor escribirlo todo junto.

¿Enseguida o en seguida? Mejor escribirlo en una sola palabra, aunque es válido en dos.

¿Entretanto o entre tanto? Da igual escribirlo junto o separado cuando es equivalente a mientras tanto: «Mi hermano, entretanto, se cambió de ropa». En cambio, cuando es sustantivo va necesariamente en una sola palabra. En español de España no se suele utilizar, pero sí en países hispanohablantes de América. Entretanto tiene el sentido de ínterin: «Ella se fue de viaje, y en el entretanto él se echó otra novia».

¿Malhumor o mal humor? Es más frecuente escribirlo separado, en dos palabras, pero también se admite junto porque existe el verbo malhumorar, el adjetivo malhumorado y el adverbio malhumoradamente.

¿Medioambiente o medio ambiente? Se puede escribir de ambas formas y la mayoría de la gente lo escribe en dos palabras, pero la RAE prefiere que se escriba en una sola, puesto que tiende a pronunciarse como una, con el primer elemento átono. El plural es medioambientes y el adjetivo derivado es medioambiental.

¿Noche Buena o Nochebuena? Casi siempre se escribe en una sola palabra, y con mayúscula, pero podría escribirse en dos. Lo mismo ocurre con Nochevieja, que se prefiere en una sola, pero es válido en dos.

¿Sobremanera o sobre manera? Esta expresión no se usa mucho en el lenguaje hablado, pero sí puede que se escriba y en ese caso surja la duda de si va junto o separado. Pues también, como en casos anteriores, se puede escribir como se quiera aunque es preferible hacerlo todo junto: «Le preocupa sobremanera lo que digan de él».

En próximas entradas hablaremos de locuciones que se escriben juntas o separadas dependiendo de la situación, de las que siempre se escriben juntas y de las que siempre van separadas.

5 errores ortográficos muy comunes

En nuestro Facebook solemos reírnos de los errores ortográficos que encontramos cada día en internet, en anuncios, en periódicos, en bares… No nos lo tengáis en cuenta: lo hacemos porque los correctores de estilo tenemos que vivir de algo y queremos demostrar que somos necesarios.

Errores ortografia frecuentes

Cada día nos topamos con multitud de meteduras de pata, pero vemos que hay algunas que se repiten con más frecuencia y que las sacamos en nuestro Facebook una y otra vez. Aquí van algunas.

1. Gente que escribe absorber con uve. Suponemos que este error se repite tan a menudo porque absorber termina igual que el verbo ver, y todo el mundo sabe que ver es con uve. Pero absorber se escribe con be.

2. Gente que escribe exuberante con hache intercalada. Puede que por asimilación con palabras como exhausto, exhibir, exhumar… mucha gente piensa que exuberante lleva una hache, pero no es verdad.

3. Gente que escribe desahucio con la hache descolocada. Hay que fijarse bien en cuál es el lugar de la hache, y más ahora que utilizamos esta palabra muy a menudo. La palabra ahuciar ya no se usa, pero significa «esperanzar o dar confianza». Por eso el drama de desahuciar.

4. Gente que escribe elige con jota. Lo vemos en muchos anuncios y carteles: instan al cliente o al usuario a elegir y a escoger algo con jota. Un colega argentino nos comenta que es muy común entre sus compatriotas escribir mal coger, cogía, cogieron… y todas las formas de la conjugación, porque ellos raramente escriben este verbo que les resulta malsonante.

5. Gente que pone tildes donde no van y deja de poner acentos donde sí van. Este es un error muy curioso. Por ejemplo, estamos cansados de ver examen, joven, canon, orden…  con tilde, cuando no la llevan y, sin embargo, no la ponen donde deberían. Si tenéis dudas sobre reglas de acentuación, podéis consultar nuestro post ¿Lleva tilde o no? Y si seguís dudando, llamadnos, que para eso estamos. Los correctores no somos caros y cometer faltas de ortografía sí pasa factura.

Los vascos y las vascas

Mucha gente se empeña en utilizar ambos géneros para ser políticamente correctos, hacer visibles a las mujeres y evitar el sexismo en el lenguaje.

Lenguaje no sexista

En español existen dos géneros: masculino y femenino. El masculino es el género no marcado y el femenino es el género marcado. Se llama género no marcado al que puede abarcar los dos: masculino y femenino.

Por eso decimos «quiero a mis hijos con locura», aunque tengamos dos niñas y un niño; o «mis padres están muy mayores», pese a que, en la mayoría de los casos, tenemos un padre y una madre de diferentes sexos; o «mis cuñados vienen a casa por Navidad», aunque de paso también aparezcan nuestras cuñadas; o «este curso tengo unos profesores horribles», cuando seguro que tenemos más profesoras que profesores, según las estadísticas; o «celebro el cumpleaños con mis amigos», aunque vayamos a invitar a amigos y amigas…

Además, los adjetivos tienen que concordar con uno de los dos géneros. Por ejemplo, si nos referimos a los alumnos, diremos «mis alumnos están muy motivados», o «mis alumnos y mis alumnas están muy motivados», pero no «mis alumnos y mis alumnas están muy motivados y muy motivadas», algo que, puestos a no discriminar a nadie, sería lo suyo.

Principio de economía de la lengua

Las lenguas se rigen por un principio fundamental de economía, por lo que resultaría ridículo tener que escribir «los niños y las niñas son educados y educadas por los profesores y las profesoras titulados y tituladas en colaboración con los padres y las madres de dichos alumnos y dichas alumnas» tan solo para no discriminar a unos ni a otras. Nos pongamos como nos pongamos, en vez de un lenguaje no sexista, esto sería ridículo.

En nuestra lengua, igual que el masculino puede representar el femenino, también el tiempo verbal presente puede representar el pasado. Por ejemplo: «La llegada del hombre a la Luna se produce en 1969», un presente que se refiere al pasado y un «hombre» que, aunque fuera varón, implicó a la humanidad del planeta Tierra.

También el singular se emplea en representación de lo plural: «El perro es sociable», cuando en realidad queremos decir que lo son todos los perros y todas las perras.

Por lo mismo hay palabras femeninas que representan el masculino, como «gente», «personas», «población», «masa»… En la frase «la gente es muy desagradecida» entendemos que hay hombres desagradecidos y mujeres desagradecidas; o en «las personas somos muy interesadas» deducimos que lo somos los unos y las otras.

Es lo que hay

Esto es así desde tiempo inmemorial, probablemente desde que los humanos empezamos a hablar. Y puede que lo sea porque todas las sociedades han sido machistas y patriarcales, sí, pero es lo que hay. El lenguaje no es sexista, nosotros sí; o el lenguaje es sexista porque nosotros lo somos.

Nuestro admirado Juan José Millás decía en El País que ahora, al menos, somos conscientes del sexismo en el lenguaje: «Desde que las mujeres tienen más visibilidad hay un malestar en el lenguaje que antes no existía». Lo cual es de agradecer. Pero en Balloon nos parece absurdo decir «los ciudadanos y las ciudadanas», «los trabajadores y las trabajadoras», «los vascos y las vascas»… Se podrá argumentar que si cambiamos el lenguaje, la sociedad cambiará. No estamos de acuerdo. Creemos que lo que hay que cambiar es la desigualdad en las cuotas de mujeres y hombres en puestos directivos, consejos de administración, presidencias, ministerios, parlamentos, administraciones, medios de comunicación… Pero la igualdad no surgirá del mal uso del lenguaje.

¿Cuánto pagarías por no hacer el ridículo?

Algunas empresas de reconocida solvencia lanzan campañas publicitarias plagadas de errores y faltas de ortografía. Prefieren hacer el ridículo antes que pagar a un corrector.

Faltas de ortografía

En Balloon pensamos que la gente es muy libre de gastarse el dinero en lo que quiera; o mejor dicho, de no gastárselo, sobre todo ahora que se ha convertido en un bien tan escaso.

A nadie le gusta pagar

Por eso hay gente que, por ejemplo, descubre una aplicación que le encanta pero se ve obligada a renunciar porque cuesta 0,79 €. También hay quien desea muchísimo una canción que no se le quita de la cabeza, pero se resiste a soltar 0,69 € cuando, tal vez, pueda descargarla gratis. Los hay que se mueren por saber qué pasará en la tercera parte de una famosa trilogía, pero se pasan horas, incluso días, intentando bajarse una versión pirata antes que desembolsar 4,99 € por una de pago.

Conste que no está en nuestro ánimo criticar a quienes tienen graves problemas económicos, sino a aquellos otros que piensan que todo debe ser gratis, especialmente en internet. Casi todo tiene un precio; y el trabajo de los demás, también.

Ahorrar el chocolate del loro

No deja de sorprendernos que empresas solventes gasten sumas considerables en grandes campañas y, sin embargo, prefieran hacer el ridículo y desprestigiar su nombre en lugar de pagar a un corrector de estilo. En nuestro Facebook las sacamos a menudo: Óptica Roma escribe «Optica», Movistar lanza una campaña poniendo «Llama grátis», Desigual diseña una camiseta con errata, Decathlon manda una encuesta con falta de ortografía…

La última empresa metepatas ha sido Lycamobile, que ha hecho una campaña en las paradas de autobús, o sea, que ha puesto unos carteles muy muy grandes por todas partes en los que ha acentuado un tu posesivo. «Trae tú número a Lycamobile», dice su publicidad en un cuerpo de letra gigantesco.

Cierto es que mucha gente, por desgracia, no se percata de los errores, no da importancia a si algo lleva tilde o no, incluso todavía piensa que las mayúsculas no se acentúan… Pero otra gente sí se da cuenta. Afortunadamente, cada vez más personas piensan que es importante escribir bien.

La imagen que transmiten las empresas que comunican o se anuncian con faltas de ortografía es poco profesional, de desidia, carente de rigor. Es más, muchos ni siquiera se fiarían de quienes descuidan lo más evidente: si esto hacen con lo que se ve, qué no harán en la trastienda.

Los correctores no somos caros. Y nuestras tarifas no son nada comparadas con el precio de hacer el ridículo.

Educación para la ciudadanía sobre el teléfono móvil

Saber ser educado con el teléfono móvil debería ser una cuestión de sentido común, pero parece que no es así. Por eso pensamos que es necesario hacer campañas y contenidos de educación para la ciudadanía sobre el móvil. Aquí va nuestra contribución.

Educación teléfono móvil

Nos pasa todos los días: estamos en una reunión de trabajo y a alguien le suena el móvil. El propietario del aparato empieza a buscarlo. Si lo encuentra pronto, bien; si no, los demás permanecemos expectantes durante interminables momentos de tensión y silencio hasta que da con él. Por fin lo halla. Creemos que va a silenciarlo, a cortar la llamada…, pero no: le da al botón de descolgar. Suponemos que zanjará el paréntesis con un «Luego te llamo, estoy en una reunión». Nuevamente nos equivocamos: se pone a conversar. Los asistentes dejamos caer la mandíbula inferior, revisamos la pintura del techo y esperamos cortésmente.

Puede ser peor

En ocasiones no se trata de una reunión de trabajo, sino de una cita en el despacho del notario momentos antes de la firma, de una cena romántica aderezada con nuestra autoestima o incluso de una consulta médica en la que el doctor va a darnos el resultado de esa mamografía que no nos ha dejado dormir la noche anterior. La vida se detiene mientras el que hasta hace unos momentos era nuestro exclusivo interlocutor nos pone los cuernos para responder tranquilamente a la llamada. Termina y pregunta como si nada: «¿Qué estábamos diciendo?», y nosotros, con el puñal a medio clavar, le indicamos el camino por el que debe seguir. Otras veces  nos informa de que «Era mi madre, que si voy a comer este domingo», una revelación que nos duele más todavía: ¿Y por eso me has dejado? ¿Qué tiene ella que no tenga yo?

Los sordos

Hay personas a las que les suena el teléfono en el teatro, en un concierto, en misa, en el cine; esas personas a veces responden bajito, como si pensaran que el resto de la sala sufre una pérdida de audición transitoria. También hay quien se levanta y abandona la sala mientras responde, taconea y cierra la puerta con brío. El tercer grupo es esa gente a la que le suena el teléfono y está sorda; motivo por el cual lo oyen todos los demás menos el destinatario de la llamada.

El gusto por la diferencia

Un tipo especial de propietarios de teléfonos son los que disfrutan con que el sonido de la llamada de su móvil sea esa canción que tan buenos recuerdos les trae de su juventud, el primer llanto de su bebé con ecualizador o el canto desaforado de un gallo. Qué gracioso, piensan. Los que están a su alrededor escuchando al famoso conferenciante de Economía y Finanzas o en la última exposición del MNCARS no suelen compartir su sentido del humor.

Derecho a la intimidad

Una situación especialmente incómoda es cuando se atenta contra el derecho a la intimidad de los presentes. Por ejemplo, el propietario del móvil recibe una llamada en el reducido espacio del autobús. Como no se oye a sí mismo por el ruido del tráfico y del motor, responde a un volumen que permite que hasta el viajero de la última fila se entere de que la que era su novia hasta ayer mismo hoy ha dejado de serlo. Hay que entender que Sálvame no gusta a todo el mundo y este tipo de situaciones pueden incomodar muchísimo, sobre todo cuando no hay posibilidad de poner al hablante en modo off.

Así de sencillo

Muchos no lo sabéis, pero desde Balloon tenemos que daros una gran noticia: los teléfonos móviles se pueden silenciar. Es más, si no os acordáis de quitar el sonido antes de entrar en clase, en el restaurante, en la exposición…, ¡podéis desactivar el sonido mientras suenan! Los fabricantes, gente educada sin duda, han pensado también en que si estamos esperando una llamada importante podamos sentir nuestro móvil en lugar de oírlo o de que lo oiga todo el mundo: es el famoso sistema de vibración. Pero si pese a quien pese decidís responder, a no ser que la persona que llama vaya a ofreceros un cargo de asesor en el Gobierno, podéis cortar con un breve: «Te llamo en media hora, estoy ocupado». Y a continuación pedir disculpas a los presentes. Así de sencillo.