Modo de empleo de la coma (1)

Hay comas opcionales, comas obligatorias y comas imposibles. Repasamos su modo de empleo.

¿Dónde va la coma?

Todos aprendimos que la coma se utiliza para marcar una pausa breve en el discurso. Sin embargo, debemos dejar de pensar que las comas tienen relación directa con el lenguaje oral.

Los periodistas de medios hablados, como la tele o la radio, saben que a menudo se ponen comas de más para facilitar la locución y marcar pausas que hagan más comprensible el discurso, pero muchas veces esas comas son incorrectas en el lenguaje escrito. En la lectura hacemos pausas que no debemos marcar en un texto con pretensiones de ser correcto.

La intención de la coma

Hay comas que dependen del gusto o la intención de quien escribe, como ocurre con otros signos de puntuación, pero sería un grave error creer que la coma es prescindible. A veces la omisión de una coma o su colocación centímetros más allá o más acá puede significar todo lo contrario o algo bien distinto de lo que queríamos expresar.

En este sentido, recomendamos la lectura de «Perdón imposible», del filólogo José Antonio Millán, una guía amena sobre el mal uso de la coma y sus fatídicas consecuencias. La anécdota que da título al libro se atribuye a Carlos V, aunque hay fuentes que se la endosan a otros reyes. Cuenta que le pasaron al emperador una sentencia para su firma que decía: «Perdón imposible, que cumpla su condena». El monarca, antes de firmar, cambió la coma de lugar: «Perdón, imposible que cumpla su condena», algo que sin duda celebró el afectado (o agraciado, mejor dicho).

Las comas opcionales

Empezamos por decir que hay comas opcionales y que aunque la RAE las recomiende, si el que escribe ve que su discurso se entiende perfectamente con menos comas sin incurrir en una barbaridad, hará bien en suprimirlas. Los textos llenos de comas resultan poco ágiles.

Cuando se invierte el orden lógico de una oración se pone coma: «Antes de un mes, le despiden». Pero en estas frases cortas es preferible no poner la coma. Un ejemplo claro es la frase con la que iniciamos este párrafo: «Se pone coma cuando se invierte el orden lógico de una oración», «Cuando se invierte el orden lógico de una oración, se pone coma»; nos gusta más sin ella. Se podría escribir «Si lo sé, no vengo», pero creemos que queda mejor «Si lo sé no vengo».

Es conveniente, pero no obligatoria, delante de salvo, excepto y menos. «Saldremos temprano, salvo imprevistos»; «Me gustan las verduras, excepto las zanahorias»; «Perdono todo, menos la traición». Estas frases también podrían escribirse sin comas.

En determinados casos, la coma es opcional para separar los adverbios. «Mi jefe no es evidentemente conciliador» o «Mi jefe no es, evidentemente, conciliador».

Cuando los complementos circunstanciales o verbales son cortos, las comas no son necesarias y ni siquiera convenientes. Podría ponerse «Por las noches, no suelo despertarme», «Del alquiler, no llegamos a hablar»,  «Ayer, fuimos al cine todos juntos», pero estas frases ganan sin comas.

En el siguiente post veremos las comas obligatorias.

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  1. ¡Ay, qué intriga, dejar las obligatorias para la próxima! Esto de las comas es el gran “thriller” de los que escribimos, que pensándolo bien somos todos. Espero vuestra próxima entrega con el corazón en un puño.

  2. Muy bueno, también espero ansiosa la segunda parte. Soy seguidora de tu blog desde hace poco y debo decir que me has disipado muchas dudas y provocado varias sonrisas, tú y tu seguidor estrella ja, ja. Saludos desde México.