CORRECCIÓN DE TEXTOS

Los correctores de estilo son necesarios.

Frases hechas y lugares comunes

Las vacaciones siempre son merecidas; los viajeros, incansables; las playas, paradisiacas; los marcos, de incomparable belleza… Escribir y hablar con frases hechas es muy común, y está especialmente arraigado entre los periodistas.

Noam Chomsky, en su faceta de lingüista, afirma que la lengua es un conjunto infinito de oraciones. Según su idea de gramática generativa, aunque el número de palabras de una lengua sea finito y las oraciones deban cumplir determinados requisitos gramaticales, semánticos y fonéticos, su combinación es infinita. Además, las lenguas se nutren de neologismos y extranjerismos que las enriquecen constantemente. Por lo tanto, un sujeto podría crear un número ilimitado de frases: todas las que su pensamiento genere.

Sin embargo los humanos, y dentro de este género, los humanos periodistas, tenemos tendencia a hablar con frases inventadas por otros, frases de segundo cerebro, podríamos llamarlas.

De ahí que repitamos lo mismo cada día, cada informativo, cada artículo… Se podrá argumentar que para lo que nos pagan y con la premura con la que nos vemos obligados a trabajar no estamos para creatividades. Sí, es cierto, pero no hace falta consultar el Corripio a cada frase, bastaría con evitar el camino trillado.

Graves sucesos

La Divina Comedia es una obra rica en descripción de situaciones desagradables, pero resulta sorprendente que, pese a la prolijidad de Dante para contar hecatombes, a nadie se le ocurran adjetivos menos manidos que «dantesco»: una riada, dantesca; un botellón, dantesco; un atasco, dantesco… Hoy todo lo que se sale de lo normal se convierte en un «espectáculo dantesco». Un informador utiliza el calificativo y todos los demás aprovechamos ese mismo, para qué buscar otro, si tenemos uno a mano. Y así ocurre que los incendios forestales son «pavorosos incendios» o que los coches accidentados siempre quedan reducidos a un «amasijo de hierros».

Para los periodistas, Valencia es «la ciudad del Turia»; Sevilla, «la capital hispalense», y las Canarias, «las islas afortunadas». Si hablamos de competiciones, rara vez son «aptas para cardiacos». Las noticias frescas se llaman de «rabiosa actualidad» y cuando se trata de narrar sucesos desagradables, se manejan «macabros hallazgos», «salvaje agresión», «brutal atentado» o «baño de sangre». Si la policía encuentra un fiambre, generalmente en un «inhóspito paraje», se llama «cuerpo sin vida» o «cuerpo inerte». Cuando hay un delincuente en el suceso, «pone en jaque» al agresor y si el sujeto, al no ver salida, se suicida, es porque «decidió poner fin a su vida».

Hechos memorables

Nos ocurre también que ya nadie se va simplemente de vacaciones. En estos tiempos de crisis, para que la gente no piense que estamos abusando en lugar de ejerciendo un derecho laboral, solo nos tomamos unas «merecidas vacaciones». Cuando los ociosos son personajes de la revista Hola! entonces pasan a tener «vacaciones de ensueño», y los protagonistas suelen posar en «marcos de incomparable belleza» o en «playas paradisiacas». Si celebran las navidades, entonces se denominan «esas entrañables fiestas».

En asuntos políticos es frecuente decir que «la polémica está servida». En ocasiones se «rebaja el tono de las acusaciones», pero muchos diputados se sitúan en el «ojo de huracán» cuando realizan «polémicas declaraciones».

Se propaga a gran velocidad

Las expresiones son un virus que infecta a quien las escucha, y no solo a la clase informadora, sino a todo bicho viviente. Por eso ya nada es lógico a secas, sino que siempre es «lógico y natural», hemos dejado de valorar sin más porque preferimos «poner en valor», la bolsa cuando baja «cae estrepitosamente» y las sesiones largas, aunque sean reuniones de vecinos, pasan a ser «maratonianas».

Está claro que es más asequible vestir ropa de confección en las grandes cadenas de moda que comprarse un traje de alta costura, pero intentar ser originales sí es accesible para cualquiera que lo intente. Los informadores y correctores, de acuerdo con Chomsky, deberíamos inventarnos nuestro propio discurso para redactar las noticias y comentarios de cada día, y dejar de repetir frases usadas; eso beneficiaría a quien nos lea o nos escuche. Y lo mismo deberían hacer los meteorólogos, no vaya a ser que la gente empiece a decir: «He salido a la calle y… ¡está cayendo una precipitación en forma de lluvia…!».

Los monosílabos no se acentúan, excepto…

Que «los monosílabos no se acentúan» es de esas frases que recordamos de los tiempos del colegio, pero ¿nos acordamos también de las excepciones?

Los monosilabos no se acentuan

Las palabras de una sola sílaba no llevan tilde, pero como el español es un idioma puñetero, no podemos decir que nunca se acentúan, sino que no se acentúan casi nunca.

¿Qué es un monosílabo?

Parece sencillo saber qué es un monosílabo: una palabra de una sola sílaba, un núcleo fónico único: mil, pan, yo. Pero tener la condición de palabra monosílaba no implica necesariamente ser breve. Dentro de las palabras monosílabas las hay cortas: va, la, y también las hay largas: guieis, friais.

Tampoco todas las palabras cortas son monosílabas; por ejemplo, oía es trisílaba.

Pero nuevamente nuestro idioma puñetero nos lleva a las excepciones. Hay palabras que pueden ser consideradas monosílabas o bisílabas dependiendo de la pronunciación del hablante. Por ejemplo, puede pronunciarse y escribirse guion o guión, truhan o truhán, riais o riáis, fié o fie.

Para ayudar a saber si una palabra es monosílaba hay que tener en cuenta que algunas combinaciones vocálicas siempre son diptongos, con independencia de su pronunciación. Son los casos en los que se combina una vocal abierta (a, e, o) con una vocal cerrada (i, u), o viceversa, siempre que i, u no sean tónicas. También forman diptongo dos vocales cerradas juntas diferentes y átonas.

Esta convención, relativamente reciente (1999), hace que algunas formas verbales a las que poníamos tilde ya no la lleven por considerarse ahora palabras monosílabas: criais, lieis, aunque, como dice la RAE, es admisible acentuarlas si los diptongos se pronuncian como hiatos.

Pero atención: rio (pasado de reír) no lleva tilde porque, según lo dicho anteriormente, la i y la o forman un diptongo, con lo que la palabra es monosílaba; pero río de corriente de agua sí se acentúa porque se marca el hiato en la pronunciación. Lo mismo pasa con pio (pasado de piar) y pío, que es una persona devota o también la onomatopeya del sonido que emiten los pollitos y los pajaritos. Ejemplos: «Yo me río mucho», «Él se rio ayer», «El río Ebro».

Los correctores automáticos del Word y otros procesadores de texto nos van a dar como erróneas algunas de estas palabras, por lo que conviene ir a la web de la RAE, escribir el infinitivo del verbo objeto de duda (reír, freír, huir…) y pulsar el botón de «conjugar»; ahí podremos ver todos los tiempos verbales conjugados.

La famosa tilde diacrítica

Los monosílabos no se acentúan salvo excepciones. En ocasiones, aunque no siempre, ponemos una tilde diacrítica para diferenciar palabras aparentemente iguales con funciones gramaticales distintas. Pero no ocurre lo mismo con otras palabras bisílabas: como todo el mundo sabe y con frecuencia critica, solo ya no se acentúa en ningún caso. Y tampoco este, ese, aquel ni sus variantes de género y número, ya tengan función de pronombres o de demostrativos.

En general, la tilde diacrítica se pone en los monosílabos en las formas tónicas, las que pronunciamos con mayor intensidad, y no se pone en las formas átonas. Pero también hay excepciones. Por ejemplo, la letra te (tónica) no se diferencia con una tilde del pronombre te (átono), o las notas musicales mi, si (tónicas) no llevan tilde que las diferencie del posesivo mi o la conjunción si.

De momento, la RAE nos dice que sí pongamos tilde diacrítica en los siguientes casos:

del verbo dar («Quiere que le dé la razón»). NO se pone tilde en de preposición («No tengo nada de dinero», ni al referirnos a la letra de.

Él pronombre («Él es el hombre de mi vida»). NO se pone tilde en el artículo («El día más largo»).

Más podríamos decir que siempre se acentúa porque lleva tilde cuando es adjetivo («Ahora tengo más trabajo»), cuando es adverbio («Tú eres más alta»), cuando es conjunción con valor de suma («Dos más dos son cuatro»), cuando es pronombre («Sírveme más») y cuando es sustantivo («Pon un más en la cuenta»). NO se pone tilde a mas cuando equivale a pero, función que no suele utilizarse casi nunca por lo cursi o literario que resulta: «Te contrataría, mas temo las críticas».

se tilda cuando es pronombre («Lo quiero para mí»). NO se pone tilde cuando mi es posesivo («Mi vida es complicada») ni cuando se refiere a la nota musical.

lleva acento gráfico cuando es la primera persona del verbo saber («Sé que me quieres»). NO se pone tilde a se en sus usos pronominales ni impersonales ni de pasiva refleja («Se quieren como el primer día», «Se vende plaza de garaje»).

tiene tilde cuando es adverbio de afirmación («Sí, quiero»), cuando es pronombre reflexivo («Solo piensa en sí misma») y cuando es sustantivo («Se dieron el sí»). NO lleva tilde si cuando es conjunción («Si vienes, te espero»), ni cuando es una nota musical.

lleva tilde cuando se refiere a la infusión, y por alguna razón que no comprendemos también lleva tilde tés, en plural. Los tés de taza, sustantivos masculinos, no podrían confundirse con las tes, letras, femeninas, pero la RAE así lo manda. NO lleva tilde te ni cuando es una letra ni cuando es un pronombre («Te dejo solo»).

Tú lleva tilde cuando es pronombre («Tú eres la mejor»). NO lleva tilde tu cuando es posesivo («Tu risa es contagiosa»).

Otros monosílabos (o no) con tilde diacrítica (o no)

Aún o aun puede ser monosílaba o bisílaba, según se pronuncie. Lleva tilde cuando puede sustituirse por todavía con significado temporal, ponderativo o intensivo: «Aún es de noche», «Aún es más caro», «Aún me gusta más». Cuando puede sustituirse por hasta, tambiénincluso, aunque, se escribe sin tilde: «Aun a ciegas, me lo quedo», «Te humillará aun cuando te vea en las últimas», «Aun así no me rindo», «Aun sabiendo que no vendrás, te esperaré».

Los monosílabos cual, cuan, que y quien no llevan tilde si son átonos («Cada cual que se ocupe de lo suyo», «Se tumba cuan largo es», «Que no me digas nada», «Quien quiera que se vaya») y la llevan cuando son tónicos («Son a cuál más bobo», «Cuán abandonado me tienes», «No tengo con qué pagar», «No sé quién se va a ocupar», con independencia de si se acompañan o no de signos de admiración o interrogación.

O no lleva tilde nunca, ni siquiera cuando va entre dos números, como se hacía antes, porque la RAE considera que las tipografías actuales diferencian claramente las cifras de las letras y que está claro que aquí pone 1 o 2 y no 102.

¿Complicado? Pues sí, pero para eso estamos los correctores profesionales. Si quieres que tus textos estén perfectos, llámanos.

El ‘delete’ y el ‘deleatur’

Hoy es el Día Internacional del Corrector de Textos, así que felicitamos a todos los que os dedicáis a esta incomprendida labor y, de paso, nos felicitamos también a nosotros mismos, que falta nos hace.

signo de suprimir

Hemos ilustrado y titulado este post con el símbolo que más utilizamos los correctores: el deleatur, una palabra latina que no figura en el diccionario de la RAE y que por eso ponemos en cursiva, pero que podemos castellanizar en «deleátur», con el permiso de la Academia.

Nos gusta este símbolo que nos distingue como correctores y que utilizamos para indicar a la imprenta que algo debe suprimirse, aunque la mayoría ni siquiera conoce su nombre y lo denomina «el símbolo de suprimir».

En estos tiempos de uso y abuso de anglicismos todo el mundo conoce la palabra delete, incluso muchos exclaman cosas como «¡Dale al delete!» o valoran que tal programa «deletea automáticamente los datos». Sin embargo, muchísimas personas (incluidos correctores) ignoran que en latín existe la palabra madre deleatur, cuyo significado es borrar, tachar, destruir, aniquilar; o sea, como delete en inglés y como indica el deleátur en la corrección de textos.

Las paradojas del corrector de textos

El Día Internacional del Corrector de Textos fue instaurado por primera vez en 2006 por la Fundación Litterae de Argentina, y se celebra el 27 de octubre porque coincide con el día en que nació el pensador y divulgador humanista Erasmo de Rotterdam. O no. Se ignora si Erasmo vino al mundo el 26 o el 27, y no se sabe de qué año. Lo cual, aunque probablemente no haya sido deliberado, viene al pelo para conmemorar la labor de los correctores de textos que somos quienes debemos dudar de todo.

Por un lado, se supone que sabemos verificar los textos que confían a nuestro criterio, eliminar fallos, corregir errores, detectar imprecisiones; por otro, casi nunca estamos seguros de nada. Y mejor que sea así. Nuestro consejo a la hora de diferenciar a un buen corrector de uno malo es: desconfiad de quien no consulta permanentemente diccionarios, gramáticas, ortografías y enciclopedias; el que parece saberlo todo rara vez resulta un buen corrector.

Otra paradoja de nuestro trabajo es que solo se nota cuando lo hacemos mal. El lector no percibe si el original que nos dieron era un texto atroz plagado de meteduras de pata: si el resultado final está bien, parecerá que el autor lo escribió bien. Por el contrario, si se nos escapa un solo gazapo, el corrector ortotipográfico o de estilo será el responsable, por más que haya enmendado cientos de desatinos en una sola página.

Búsqueda y captura de errores

Se ha celebrado en Madrid el Tercer Congreso Internacional de Correctores de Texto en Español (3CICTE), los días 24, 25 y 26 de octubre, en la Casa del Lector, una institución que nos gusta especialmente. Y hoy la Unión de Correctores anima a que la gente participe buscando erratas y errores por las calles. No es difícil. Nosotros tenemos lista de espera en nuestro Facebook para incluir las que nos envían los seguidores y las que detectamos cada vez que leemos un periódico, cuando entramos en una web, miramos un anuncio o comprobamos el nombre de una calle.

La era de los correctores automáticos de textos es también la era en la que más escribimos y leemos. La informática nunca podrá sustituir a un corrector profesional, que conoce la complejidad de nuestra lengua, que pone en duda todo lo que lee, que sabe las reglas de su oficio.

En fin, que larga vida al deleátur y a los correctores de textos. Los correctores somos necesarios.

5 errores ortográficos muy comunes

En nuestro Facebook solemos reírnos de los errores ortográficos que encontramos cada día en internet, en anuncios, en periódicos, en bares… No nos lo tengáis en cuenta: lo hacemos porque los correctores de estilo tenemos que vivir de algo y queremos demostrar que somos necesarios.

Errores ortografia frecuentes

Cada día nos topamos con multitud de meteduras de pata, pero vemos que hay algunas que se repiten con más frecuencia y que las sacamos en nuestro Facebook una y otra vez. Aquí van algunas.

1. Gente que escribe absorber con uve. Suponemos que este error se repite tan a menudo porque absorber termina igual que el verbo ver, y todo el mundo sabe que ver es con uve. Pero absorber se escribe con be.

2. Gente que escribe exuberante con hache intercalada. Puede que por asimilación con palabras como exhausto, exhibir, exhumar… mucha gente piensa que exuberante lleva una hache, pero no es verdad.

3. Gente que escribe desahucio con la hache descolocada. Hay que fijarse bien en cuál es el lugar de la hache, y más ahora que utilizamos esta palabra muy a menudo. La palabra ahuciar ya no se usa, pero significa «esperanzar o dar confianza». Por eso el drama de desahuciar.

4. Gente que escribe elige con jota. Lo vemos en muchos anuncios y carteles: instan al cliente o al usuario a elegir y a escoger algo con jota. Un colega argentino nos comenta que es muy común entre sus compatriotas escribir mal coger, cogía, cogieron… y todas las formas de la conjugación, porque ellos raramente escriben este verbo que les resulta malsonante.

5. Gente que pone tildes donde no van y deja de poner acentos donde sí van. Este es un error muy curioso. Por ejemplo, estamos cansados de ver examen, joven, canon, orden…  con tilde, cuando no la llevan y, sin embargo, no la ponen donde deberían. Si tenéis dudas sobre reglas de acentuación, podéis consultar nuestro post ¿Lleva tilde o no? Y si seguís dudando, llamadnos, que para eso estamos. Los correctores no somos caros y cometer faltas de ortografía sí pasa factura.

¿Cuánto pagarías por no hacer el ridículo?

Algunas empresas de reconocida solvencia lanzan campañas publicitarias plagadas de errores y faltas de ortografía. Prefieren hacer el ridículo antes que pagar a un corrector.

Faltas de ortografía

En Balloon pensamos que la gente es muy libre de gastarse el dinero en lo que quiera; o mejor dicho, de no gastárselo, sobre todo ahora que se ha convertido en un bien tan escaso.

A nadie le gusta pagar

Por eso hay gente que, por ejemplo, descubre una aplicación que le encanta pero se ve obligada a renunciar porque cuesta 0,79 €. También hay quien desea muchísimo una canción que no se le quita de la cabeza, pero se resiste a soltar 0,69 € cuando, tal vez, pueda descargarla gratis. Los hay que se mueren por saber qué pasará en la tercera parte de una famosa trilogía, pero se pasan horas, incluso días, intentando bajarse una versión pirata antes que desembolsar 4,99 € por una de pago.

Conste que no está en nuestro ánimo criticar a quienes tienen graves problemas económicos, sino a aquellos otros que piensan que todo debe ser gratis, especialmente en internet. Casi todo tiene un precio; y el trabajo de los demás, también.

Ahorrar el chocolate del loro

No deja de sorprendernos que empresas solventes gasten sumas considerables en grandes campañas y, sin embargo, prefieran hacer el ridículo y desprestigiar su nombre en lugar de pagar a un corrector de estilo. En nuestro Facebook las sacamos a menudo: Óptica Roma escribe «Optica», Movistar lanza una campaña poniendo «Llama grátis», Desigual diseña una camiseta con errata, Decathlon manda una encuesta con falta de ortografía…

La última empresa metepatas ha sido Lycamobile, que ha hecho una campaña en las paradas de autobús, o sea, que ha puesto unos carteles muy muy grandes por todas partes en los que ha acentuado un tu posesivo. «Trae tú número a Lycamobile», dice su publicidad en un cuerpo de letra gigantesco.

Cierto es que mucha gente, por desgracia, no se percata de los errores, no da importancia a si algo lleva tilde o no, incluso todavía piensa que las mayúsculas no se acentúan… Pero otra gente sí se da cuenta. Afortunadamente, cada vez más personas piensan que es importante escribir bien.

La imagen que transmiten las empresas que comunican o se anuncian con faltas de ortografía es poco profesional, de desidia, carente de rigor. Es más, muchos ni siquiera se fiarían de quienes descuidan lo más evidente: si esto hacen con lo que se ve, qué no harán en la trastienda.

Los correctores no somos caros. Y nuestras tarifas no son nada comparadas con el precio de hacer el ridículo.

¿Seguro que sabes lo que significa?

Aunque no seamos capaces de definir correctamente las palabras que utilizamos, sí creemos conocer su significado aproximado. Sin embargo, puede que estemos equivocados. ¿Estás seguro de saber lo que dices?

Significado de las palabras

Hay personas que cuando se compran un nuevo electrodoméstico o un sofisticado aparato informático no leen las instrucciones. De igual modo, hay quien utiliza las palabras sin saber lo que significan. Unos y otros van aprendiendo por el método ensayo y error, aunque también se dan casos de individuos que nunca llegan a descubrir las verdadera prestaciones de utensilios y palabras y se apañan como pueden con el botón o el vocablo equivocado.

¿De verdad sabes lo que estás diciendo?

A mucha gente le da no sé qué corregir a los demás (no es nuestro caso, je, je); por eso, si nuestro mejor amigo mete la pata, ni siquiera levantamos una ceja. Es lógico que pasemos de decirle a nuestro jefe que no sea zoquete, pero sí deberíamos recomendar a los allegados que se lean el modo de empleo de algunas palabras antes de proceder a su uso. Conversar sobre nuestra lengua, ese instrumento de comunicación imprescindible para nutrir el intelecto, no puede ser de mala educación. En cualquier caso, si vosotros no os atrevéis a enmendarle la plana a nadie, para eso estamos nosotros. También admitimos críticas, e incluso escarnios.

Diletante

La palabra diletante suena estupendamente, un polisílabo expresivo y con cierto acento musical. Hay quien gusta de meterla en su discurso sin que venga al caso, tal vez porque le atribuye un significado que no tiene. Si uno pregunta: «¿qué quieres decir con diletante?», es posible que se encuentre con respuestas como «pedante, esnob, puntilloso»…; significados que no tiene. Diletante viene del italiano y significa literalmente «que se deleita». Según la RAE es «Conocedor o aficionado a las artes, especialmente a la música» y en una segunda acepción: «Que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional». Así que, salvo Nadal, cualquiera podría decir: «En el tenis, soy un mero diletante».

Adolecer

Hasta lo vemos escrito y nos toca corregirlo con frecuencia: «Adolece de malicia, es un político conciliador». Adolecer no es carecer. La definición de la Academia es: «Tener o padecer algún defecto». Ejemplo: «Adolecer de claustrofobia» es padecerla.

Prístino

No sabemos si vosotros habéis oído decir «en sus prístinas aguas» o «escribe con una prosa prístina» o «tras su prístina exposición»; nosotros sí. Hay gente que cree que prístino significa algo así como claro, transparente, limpio; pero no: significa «antiguo, primero, primitivo, original».

Bizarro

Una palabra que se coloca a menudo donde no procede es bizarro. En francés e inglés bizarre significa raro, extravagante. Pero en español no. En nuestra lengua es valiente, generoso, espléndido.

Endémico

En ocasiones para decir que una especie animal o vegetal está fatal, en peligro de extinción, se dice que es endémica. Esto no es correcto, una especie endémica es aquella propia y exclusiva de determinadas localidades o regiones, nada más.

El poder de la costumbre

Hay objetos concebidos para determinados usos a los que podemos darles otro. ¿Quién no ha utilizado un cuchillo para apretar un tornillo, por ejemplo? Las palabras están vivas y pertenecen a quienes las usan, así que a fuerza de emplearlas en el lugar inapropiado pueden llegar a significar lo que a nosotros nos dé la gana: es cuestión de perseverar en el error y propagarlo. Así ha ocurrido con lívido, que significaba amoratado aunque la gente creyera que era blanco o pálido; con enervar, que era todo lo contrario a ponerse nervioso: en origen, debilitar, quitar las fuerzas; con nimio, que  aunque en principio quería decir excesivo, abundante o exagerado, lo delicado de su sonido llevó a creer que significaba justo lo contrario: insignificante, pequeño; con álgido, que significa gélido, muy frío, pero que la gente lo emplea como el momento más caliente de una situación…

Claro está que pueden pasar años hasta que la costumbre lleve a la RAE a aprobar el uso inventado por los que no leen los manuales de instrucciones de las palabras. Mientras tanto es preferible no hacer el ridículo. Hay que consultar el diccionario.

¿«Solo» ya no se acentúa?

Todavía seguimos dando vueltas al asunto de si solo lleva tilde o no. La recomendación de la RAE de suprimirla nos ha sentado fatal, y hay quien se rebela.

SOLO_YA_NO_SE_ACENTUA

En general, los españoles escribimos fatal el español. Internet, los periódicos, los libros, los carteles, los anuncios… están llenos de faltas de ortografía. Sin embargo, una de las pocas reglas que casi todos conocíamos era cuándo debíamos poner la tilde a solo y cuándo no: «si solo equivale a solamente, lleva tilde», nos enseñaron. A lo mejor por eso nos ha sentado tan mal que nos dijeran que lo que habíamos aprendido tan fácilmente ya no nos servía para nada.

Solo, según las reglas generales de acentuación, no se acentúa por ser una palabra llana terminada en vocal. Pero sabíamos que debíamos poner tilde cuando ese solo era adverbio («Sólo trato de convencerte») para distinguirlo de cuando era adjetivo («A veces me siento solo»).

Ya no, pero sí

Después se nos dijo que en caso de ambigüedad había que poner la tilde. Por ejemplo, la frase «Vive solo en hoteles» puede querer decir que no tiene compañía o bien que se aloja exclusivamente en esos establecimientos y no en su casa. En estos casos se utilizaba la tilde para eliminar la ambigüedad. El Diccionario panhispánico de dudas así lo prescribe: «Cuando esta palabra pueda interpretarse en un mismo enunciado como adverbio o como adjetivo, se utilizará obligatoriamente la tilde en el uso adverbial para evitar ambigüedades» (3.2.3).

«Raros y rebuscados»

Pero la Ortografía posterior dice: «A partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de doble interpretación» (Ortografía de la lengua española, 3.4.3.3, pág. 269). Ahí queda eso. Y añade: «Las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas». No conforme con esto nos suelta: «Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden resolverse por otros medios, como el empleo de sinónimos (…), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio de las palabras que fuerce una sola de las interpretaciones».

¿Raros y rebuscados? Sinceramente, creemos que los señores académicos no estaban muy inspirados ese día y no se les ocurrieron ejemplos en los que pudiera ser necesario discernir un solo de un sólo. Los que trabajamos con el idioma sabemos que a diario se nos presentan esos casos, situaciones en las que nos preguntamos si puede prestarse a ambigüedad nuestra frase, si ponemos la tilde o si no, si vamos a ser tomados por unos ignorantes o por unos integristas.

Nos han complicado la vida

Muchos están bastante molestos con estos párrafos; y también nosotros. La RAE dice que su labor es recomendar, no legislar, pero sus palabras al respecto no dejan lugar a dudas. En vez de facilitarnos la manera de expresarnos, nos la han complicado. Todos hemos pasado por un examen en el que dudábamos entre escribir, por ejemplo, «absorver» o absorber; en tal caso lo resolvíamos poniendo aspirar y listo. Pero aquí la solución no es cambiar nuestro discurso para suprimir la ambigüedad, sobre todo cuando no era necesario: ya contábamos con una forma clara, sencilla y tan simple como una tilde para eliminar la confusión.

No imaginamos que un poeta tenga que reconstruir su verso o un literato reformar su párrafo para evitar la confusión. Tampoco aceptamos que un periodista redacte un titular de otro modo cuando la mayoría de las veces la caja de texto es sumamente limitada, y se las ve y se las desea para que el título se entienda con el menor número de palabras posible, y a la vez resulte claro y atractivo.

Por eso hay periódicos que directamente han pasado de acatar lo que dice la Ortografía con respecto a solo. Y nos parece muy bien.

La RAE no es coherente

Si el criterio es que siempre puede saberse por el contexto a qué nos referimos, ¿por qué no suprime la tilde diacrítica en él, tú, mí… cuando actúan como pronombres? O estamos también un poco espesos o no encontramos ningún caso en el que  pronombre y tu adjetivo puedan crear ambigüedad.

Por otro lado, si la RAE se echara atrás, ¿qué pasaría con los libros que hemos corregido los correctores de estilo y que ya están publicados? ¿Quedarían esos solos destildados como errores? Sinceramente, nosotros pensamos que esto ha sido una gran metedura de pata.

¿Vosotros qué pensáis? Nos gustaría conocer vuestra opinión.

El lenguaje, como la ropa, se pasa de moda

No caigamos en utilizar términos y expresiones de actualidad en aquellos textos con afán de durar al menos una temporada.

Expresiones pasadas de moda

Ahora que ha terminado la Mercedes Benz Fashion Week Madrid, ese acontecimiento anteriormente conocido como Pasarela Cibeles, aprovechamos para hablar de moda en este blog dedicado a la comunicación.

No vamos a insistir en el abuso de esos anglicismos que tanto fascinan al gremio, y que han llevado a la Fundación del Español Urgente, la Fundéu, a elaborar una lista para sustituir los fitting, sitting, shooting… por términos más made in Spain. Lo que pretendemos con este post es señalar que el lenguaje que hoy es moderno mañana puede estar pasado de moda, igual que las colecciones presentadas en los desfiles de 2013 estarán completamente demodé en la próxima temporada.

Expresiones como «mola mazo», «me pone mogollón», «está dabuten», «eso es guay del Paraguay», «hasta luego, Lucas», «efectiviwonder», «pero de qué vas», «chachipiruli», «me piro, vampiro»… —y no seguimos porque hasta a nosotros nos da vergüenza— ya no tienen cabida en el habla de hoy. Y más vale que no se nos escapen porque eso delatará nuestra edad y nuestra incapacidad para actualizarnos.

¿Y a qué viene esto?

Cuando uno escribe en las redes sociales de su empresa puede estar tentado de utilizar expresiones de moda, sobre todo si busca dar una imagen cercana. Hay momentos en que los referentes comunes de la televisión, la política o las declaraciones de famosos a los que no acompaña una inteligencia tan brillante como su aspecto, aportan un toque de humor, un guiño a los lectores que tal vez les cautive y les haga sentir simpatía hacia nuestra marca.

El lenguaje del blog

El contenido en Facebook y Twitter es efímero, por lo que uno puede permitirse utilizar expresiones de última moda, pero solo hasta cierto punto y nunca de la temporada pasada. Con el tiempo, uno no puede seguir repitiendo frases célebres como «que te calles, Karmele», «Quién me pone la pierna encima…», «Estoy siempre en el candelabro»… De lo contrario, los recién llegados y los que no estén al tanto de tanta caspa televisiva no sabrán de qué estamos hablando; y los que sí recuerden esos momentos estelares pensarán que ha llovido demasiado desde que se llevaba ese look lingüístico.

Sin embargo, cuando escribimos para una web o un blog de empresa, está totalmente contraindicado echar mano del anecdotario del momento: el lenguaje debe ser mucho más «clásico».

Hay formas de resultar próximo sin tratar a nuestros lectores como si fueran unos colegas con los que tomamos cañas en el bar de la esquina. Hablemos para todos, fuera de las modas del lenguaje. De este modo nuestros textos resistirán mejor el paso del tiempo.

Aprende (definitivamente) a acentuar los diptongos

Tilde en los diptongos

El post más visto en nuestro blog es ¿Lleva tilde o no? Así estamos. Nos ponemos a escribir y nos surgen miles de dudas. Y si nuestra ortografía nos plantea tantos interrogantes, puede ser porque nos la enseñaron mal o porque es tan difícil que no conseguimos aprenderla. Así que hoy toca una lección de repaso: vamos a ampliar el tema de las tildes con los diptongos (los triptongos los dejamos para subir nota).

Lo más básico

Recordamos las normas generales, una vez más, para los que no fueron a clase ese día:

1. Palabras agudas son las que tienen el acento prosódico o de pronunciación en la última sílaba: re-que-són, ca-la-mar, co-mer, ta-lis-mán, a-zul, ca-la-mi-dad.

Llevan tilde solamente si terminan en -n, en -s, o en vocal.

Excepciones:

  • No llevan tilde las palabras agudas acabadas en -y, porque esta letra se considera consonante a efectos de acentuación: virrey.
  • No llevan tilde las palabras agudas terminadas en -s precedida de otra consonante: zigzags.

2. Palabras llanas son las que tienen el acento prosódico en la penúltima sílaba: ár-bol, ar-cán-gel, a-ma-ri-llo.

Al contrario que las agudas, llevan tilde solamente cuando NO terminan en -n, en –s o en vocal.

Y  cuando una llana termina en -y, como se considera consonante, y no es ni -n, ni –s, ni vocal, SÍ lleva tilde: póney, se acentúa igual que pádel, por ejemplo.

Si con el plural la palabra añade una –s tras la consonante final, SÍ se pone tilde: bíceps, fórceps

3. Las esdrújulas y las sobresdrújulas son las palabras que llevan el acento prosódico en la antepenúltima o en las sílabas anteriores a la antepenúltima, y estas palabras siempre llevan tilde, sí o sí. Por eso se acentúa e--me-nes, que es esdrújula (aunque no e-xa-men, que es llana acabada en -n).

El diptongo

Las vocales pueden ser fuertes o débiles:

  • Son fuertes o abiertas: a, e, o.
  • Son débiles o cerradas: i, u.

Se forma diptongo, esto es: dos vocales se pronuncian en una sola sílaba, cuando hay unión de una vocal fuerte más una débil: vais (a+i); o al revés: cuando se juntan una vocal débil más una fuerte, por ejemplo: con-ti-nuo (u+o).

También forman diptongo dos vocales débiles distintas: hui-da (u+i).

¿Cómo se acentúan las palabras con diptongo?

Como todas. Des-ps lleva tilde por ser una aguda terminada en -s; mur-cié-la-go, lleva tilde por ser una esdrújula. En los diptongos se aplican las reglas de acentuación generales: vais, no lleva tilde porque es monosílaba; con-ti-nuo, hui-da, su-per-fluo no llevan tilde porque son palabras llanas terminadas en vocal.

Cuando forman diptongo dos vocales débiles, una de ellas tónica, la tilde se pone en la segunda: interviú, pero siempre respetando las reglas generales expuestas más arriba. Por ejemplo, es je-suí-ti-co, con tilde, porque se trata de una palabra esdrújula y todas llevan tilde, pero no la lleva je-sui-ta porque es llana acabada en vocal.

Cuando forman diptongos una vocal fuerte tónica y una débil átona o al revés, la tilde se coloca siempre sobre la vocal fuerte: di-réis, náu-se-a, re-sol-vió… Pero también se siguen las reglas generales expuestas en el apartado «Lo más básico», por eso no se acentúa vio (es monosílaba) o va-riar, es aguda, pero no termina en -n, ni en -s, ni en vocal.

Cómo se acentúan las palabras con hiato

No siempre dos vocales juntas forman diptongo. A veces se crea un hiato, que es cuando dos vocales se pronuncian en sílabas distintas.

Esto ocurre en las palabras en las que se juntan dos vocales fuertes:  mi-cro-on-das, po-se-er, an-cho-a, a-é-re-o.

Y también hay hiato cuando se juntan una vocal fuerte con una débil acentuada o al revés: a-le-gría, ac-tú-a.

Los hiatos formados por dos vocales distintas o por dos iguales abiertas siguen las reglas generales de acentuación: a-fe-ó, lleva tilde por ser aguda acabada en vocal; cre-er no la lleva por ser aguda no acabada en -n, ni –s, ni vocal.

Pero aquí viene el problema: las palabras que tienen una vocal débil tónica y una fuerte átona o una fuerte átona y una débil tónica siempre llevan tilde sobre la débil con independencia de lo que digan las reglas de acentuación. Por eso se tildan laúd, Raúl, raíz, oír, río

La hache, a efectos de acentuación, no se considera: o sea, se acentúan bú-hopro-hí-be, aunque sean llanas terminadas en vocal.

Lo dicho, más vale aprender esto en el cole, porque si no, es complicado. Esperamos que nadie se haya liado todavía más… ¿O no habéis sido capaces de leeros este post?

¿Llamamos al lector de tú, de usted o no le llamamos?

Escribir de tú, de usted o escribir en estilo indirecto

Cuando escribimos, igual que cuando conversamos, tenemos la posibilidad de dirigirnos a nuestro interlocutor de varias formas; dependiendo del medio que estemos utilizando, conviene elegir unas u otras.

En España, país en el que la inmensa mayoría de la gente se tutea incluso antes de conocerse, con independencia de su edad, sexo, relación, cargo, familiaridad… conviene ser cautos durante los primeros momentos y no decir un tú inmediatamente hasta que no se tenga un poco de confianza, por si acaso la otra persona se siente molesta.

Pero también, en ocasiones, decir un usted puede hacer pensar que estamos poniendo barreras, que queremos marcar distancias. Por eso haremos bien en obviar durante esos primeros momentos el tú o el usted y hablar en modo impersonal, esto es, en tercera persona: «Hay que», «Parece conveniente», «Suele preferirse», «Quienes deseen hacer…».

Otra opción para los primeros contactos es recurrir a circunloquios con el fin de evitar una frase directa; por ejemplo: «Si hemos terminado de resolver las dudas de este punto, podemos pasar al siguiente», en vez de decir «¿Tiene usted algo más que preguntarme?».

El comodín del estilo impersonal

Cuando redactamos para Internet o para un medio escrito generalista conviene utilizar el tono impersonal y no dirigirse al lector de forma directa. No sabemos quién nos lee ni si puede sentirse incómodo con el tuteo; es algo así como cuando nuestros padres llaman a Orange y alguien con voz de imberbe les tutea implacablemente por más que los —casi seguro— molestos abonados se empeñen en «ustearle».

También hemos de tener en cuenta que, en textos con vocación de universalidad y cierta permanencia, el lector puede ser un hispanohablante de una zona en la que no se utiliza el tú tan alegremente y menos todavía el vosotros, como puede ser en Argentina o en Canarias.

Estamos entre amigos

Cuando trabajamos para un medio que busca la cercanía con el interlocutor, quizá sí convenga o incluso sea una norma de la casa el estilo directo. Es el caso de algunas revistas o portales para mujeres que nos dicen directamente lo que tenemos que hacer, incluso con imperativos: «Seduce a tu pareja, hazle esto y lo otro, olvídate de, nunca cometas…».

También en las páginas de informática, de cocina, de cuidados… suelen tutearnos, darnos órdenes e indicarnos cuál debe ser nuestra forma de actuar.

Es normal que en un medio como Facebook, aunque sea un Facebook de empresa, se llame a los usuarios de tú y en plural: «¿Qué os parece esta promoción?» o «¿Conocéis nuestra nueva tienda?». La idea de que somos y nos tratamos como amigos es el espíritu habitual en las redes sociales y quizá por eso nos gustan tanto.

Seamos coherentes

En nuestra modesta opinión, conviene ser prudentes: no sabemos quién nos lee y nuestro principal interés es agradar a todo el mundo.

Sea como fuere, lo que sí nos parece importante es mantener un criterio unificado, que el tratamiento sea siempre igual en el mismo escrito. Vemos muchos casos en los que se dice: «No espere a que sea tarde para…», y al lado «Llámanos ahora»; «Empieza hoy», y a continuación: «Si queréis participar…». Hay que ser coherente: o de tú o de usted, o en singular o en plural, pero no todo a la vez.