Felicidades, Wikipedia, y que cumplas muchos más

La Wikipedia cumple 15 años. La humanidad nunca había tenido un logro tan importante y tan útil. En la Wikipedia colaboran desinteresadamente gentes de todo el mundo con el único fin de compartir el conocimiento. Larga vida a la Wikipedia.

 

Balloon ComunicaciónEntre todos, hemos conseguido 37 millones de artículos redactados en 288 idiomas. La Wikipedia está gestionada por una organización sin ánimo de lucro, que, lógicamente, tiene unos costes de desarrollo de software y alojamiento. Por eso suelen pedirnos dinero de vez en cuando. Nosotros aportamos lo que podemos cada vez que esto ocurre: nos parece lo justo, porque la consultamos a menudo, y porque cada día nos alegramos de su existencia.

En Balloon también participamos corrigiendo errores cuando los detectamos. El hecho de que la Wikipedia contenga datos incorrectos no debe hacernos dudar de su fiabilidad. Todos podemos publicar lo que creemos exacto, pero todos podemos equivocarnos. La gran ventaja es que, al ser un sistema abierto, cualquiera puede enmendar los fallos. Si uno encuentra algo mal escrito, lo que debe hacer es mejorarlo.

La Wikipedia, «la enciclopedia libre», pone al alcance de todos el saber universal. Todos tenemos el compromiso de mantenerla y agrandarla. Larga vida a la Wikipedia.

No llaméis señoritas a las señoras

Hubo un tiempo en el que a las mujeres se les preguntaba a menudo: «¿Señora o señorita?». Sorprendentemente, nadie se molestaba por ello.

Señora o señorita Balloon Comunicación

En asuntos como este se ve que hemos avanzado algo en igualdad. Cuesta imaginar que un hombre vaya a la carnicería y la dependienta, sonriente, le pregunte: «¿Señor o señorito?», o lo que es lo mismo: «¿Está usted casado o soltero?», que es lo que en realidad quiere conocer la persona que lanza tal cuestión.

Como la lengua es tramposa y se esconde tras esas argucias que magistralmente describió Álex Grijelmo en La seducción de las palabras, algunas mujeres ni siquiera caen en la cuenta de que, directamente, su interlocutor, sin conocerlas de nada, está indagando acerca de su estado civil.

El sexismo no se da solo en español. También los franceses tienen su madame y mademoiselle o los ingleses su miss y su mistress. Parece que una mujer casada, que pasa de señorita a señora, adquiere un estatus diferente, un título, aunque sea de propiedad por parte de su marido. Puede que esos hombres que preguntaban y todavía preguntan «¿Señora o señorita?» solo quieran saber si la mujer está disponible, o sea, si pueden intentar alguna maniobra de aproximación. Es de suponer que en otros tiempos también hubo sentimientos de respeto a lo que se etiquetaba como propiedad privada, algo así como un pacto entre caballeros que no tenía en cuenta la libertad de las mujeres.

El señorito

Otra reflexión que viene a cuento es que no es lo mismo ser una señorita que un señorito. Señorita es, como dice la RAE, «un término de cortesía que se aplica a la mujer soltera», mientras que señorito significa, para el común de los hispanohablantes, un tipo «acomodado y ocioso», según recoge una de las acepciones del Diccionario de la lengua española en su vigesimotercera edición.

Hoy ser señora o señorita no indica que el estado civil importe. En España, casi uno de cada dos niños nace de parejas que no han pasado por el Registro, y las mujeres, aunque estén casadas legalmente, pueden separarse si les da la gana o irse con quien quieran sin dar explicaciones.

La misma discriminación con otro disfraz

Señorita debería ser hace tiempo un arcaísmo que solo emplearan nuestros padres para dirigirse a las dependientas de El Corte Inglés, que escucháramos en Cine de barrio antes de cambiar de cadena a toda prisa o que viéramos en la marquesina del autobús: «Se alquila habitación a señorita».

Muchas profesoras no se molestan cuando sus alumnos les dicen seño en vez de profe o Marta, porque aquí no tiene una connotación discriminatoria.

Pero ocurre que, aunque actualmente se pueda preguntar a las bravas «¿Tienes pareja?» sin parecer descortés, hay gente que sigue diferenciando entre señora y señorita, y no ya en función del estado civil, sino de la edad. Otra forma de sexismo.

Si un hombre es joven, nadie le llama señorito como tratamiento de respeto; nos dirigimos a él como señor, aunque tenga 20 años. Pero si una mujer ronda los 35, hay quien duda si decir señora o señorita: la aludida podría pensar que se le van notando los años, que la llaman vieja. Desgraciadamente, todavía muchas mujeres se molestan cuando alguien les da el tratamiento de señora. No debería ser así. Todas las mujeres, con independencia de su edad y estado civil, son señoras. Igual que los hombres, jóvenes o viejos, solteros o casados, son señores.

La Academia no tiene la culpa de que sigamos con esta discriminación, y en su defensa hay que decir que últimamente hace notables equilibrios para parecer políticamente correcta. Como bien se cansa de repetir, no legisla sino que recoge los usos de los hablantes. Así que, hombres y mujeres, dejad de utilizar la palabra señorita para indicar que una mujer es joven; mujeres, dejad de ofenderos cuando penséis que os ponen más años de los que creéis aparentar. Solo así la RAE cambiará la definición.

Frases hechas y lugares comunes

Las vacaciones siempre son merecidas; los viajeros, incansables; las playas, paradisiacas; los marcos, de incomparable belleza… Escribir y hablar con frases hechas es muy común, y está especialmente arraigado entre los periodistas.

Noam Chomsky, en su faceta de lingüista, afirma que la lengua es un conjunto infinito de oraciones. Según su idea de gramática generativa, aunque el número de palabras de una lengua sea finito y las oraciones deban cumplir determinados requisitos gramaticales, semánticos y fonéticos, su combinación es infinita. Además, las lenguas se nutren de neologismos y extranjerismos que las enriquecen constantemente. Por lo tanto, un sujeto podría crear un número ilimitado de frases: todas las que su pensamiento genere.

Sin embargo los humanos, y dentro de este género, los humanos periodistas, tenemos tendencia a hablar con frases inventadas por otros, frases de segundo cerebro, podríamos llamarlas.

De ahí que repitamos lo mismo cada día, cada informativo, cada artículo… Se podrá argumentar que para lo que nos pagan y con la premura con la que nos vemos obligados a trabajar no estamos para creatividades. Sí, es cierto, pero no hace falta consultar el Corripio a cada frase, bastaría con evitar el camino trillado.

Graves sucesos

La Divina Comedia es una obra rica en descripción de situaciones desagradables, pero resulta sorprendente que, pese a la prolijidad de Dante para contar hecatombes, a nadie se le ocurran adjetivos menos manidos que «dantesco»: una riada, dantesca; un botellón, dantesco; un atasco, dantesco… Hoy todo lo que se sale de lo normal se convierte en un «espectáculo dantesco». Un informador utiliza el calificativo y todos los demás aprovechamos ese mismo, para qué buscar otro, si tenemos uno a mano. Y así ocurre que los incendios forestales son «pavorosos incendios» o que los coches accidentados siempre quedan reducidos a un «amasijo de hierros».

Para los periodistas, Valencia es «la ciudad del Turia»; Sevilla, «la capital hispalense», y las Canarias, «las islas afortunadas». Si hablamos de competiciones, rara vez son «aptas para cardiacos». Las noticias frescas se llaman de «rabiosa actualidad» y cuando se trata de narrar sucesos desagradables, se manejan «macabros hallazgos», «salvaje agresión», «brutal atentado» o «baño de sangre». Si la policía encuentra un fiambre, generalmente en un «inhóspito paraje», se llama «cuerpo sin vida» o «cuerpo inerte». Cuando hay un delincuente en el suceso, «pone en jaque» al agresor y si el sujeto, al no ver salida, se suicida, es porque «decidió poner fin a su vida».

Hechos memorables

Nos ocurre también que ya nadie se va simplemente de vacaciones. En estos tiempos de crisis, para que la gente no piense que estamos abusando en lugar de ejerciendo un derecho laboral, solo nos tomamos unas «merecidas vacaciones». Cuando los ociosos son personajes de la revista Hola! entonces pasan a tener «vacaciones de ensueño», y los protagonistas suelen posar en «marcos de incomparable belleza» o en «playas paradisiacas». Si celebran las navidades, entonces se denominan «esas entrañables fiestas».

En asuntos políticos es frecuente decir que «la polémica está servida». En ocasiones se «rebaja el tono de las acusaciones», pero muchos diputados se sitúan en el «ojo de huracán» cuando realizan «polémicas declaraciones».

Se propaga a gran velocidad

Las expresiones son un virus que infecta a quien las escucha, y no solo a la clase informadora, sino a todo bicho viviente. Por eso ya nada es lógico a secas, sino que siempre es «lógico y natural», hemos dejado de valorar sin más porque preferimos «poner en valor», la bolsa cuando baja «cae estrepitosamente» y las sesiones largas, aunque sean reuniones de vecinos, pasan a ser «maratonianas».

Está claro que es más asequible vestir ropa de confección en las grandes cadenas de moda que comprarse un traje de alta costura, pero intentar ser originales sí es accesible para cualquiera que lo intente. Los informadores y correctores, de acuerdo con Chomsky, deberíamos inventarnos nuestro propio discurso para redactar las noticias y comentarios de cada día, y dejar de repetir frases usadas; eso beneficiaría a quien nos lea o nos escuche. Y lo mismo deberían hacer los meteorólogos, no vaya a ser que la gente empiece a decir: «He salido a la calle y… ¡está cayendo una precipitación en forma de lluvia…!».

Los monosílabos no se acentúan, excepto…

Que «los monosílabos no se acentúan» es de esas frases que recordamos de los tiempos del colegio, pero ¿nos acordamos también de las excepciones?

Los monosilabos no se acentuan

Las palabras de una sola sílaba no llevan tilde, pero como el español es un idioma puñetero, no podemos decir que nunca se acentúan, sino que no se acentúan casi nunca.

¿Qué es un monosílabo?

Parece sencillo saber qué es un monosílabo: una palabra de una sola sílaba, un núcleo fónico único: mil, pan, yo. Pero tener la condición de palabra monosílaba no implica necesariamente ser breve. Dentro de las palabras monosílabas las hay cortas: va, la, y también las hay largas: guieis, friais.

Tampoco todas las palabras cortas son monosílabas; por ejemplo, oía es trisílaba.

Pero nuevamente nuestro idioma puñetero nos lleva a las excepciones. Hay palabras que pueden ser consideradas monosílabas o bisílabas dependiendo de la pronunciación del hablante. Por ejemplo, puede pronunciarse y escribirse guion o guión, truhan o truhán, riais o riáis, fié o fie.

Para ayudar a saber si una palabra es monosílaba hay que tener en cuenta que algunas combinaciones vocálicas siempre son diptongos, con independencia de su pronunciación. Son los casos en los que se combina una vocal abierta (a, e, o) con una vocal cerrada (i, u), o viceversa, siempre que i, u no sean tónicas. También forman diptongo dos vocales cerradas juntas diferentes y átonas.

Esta convención, relativamente reciente (1999), hace que algunas formas verbales a las que poníamos tilde ya no la lleven por considerarse ahora palabras monosílabas: criais, lieis, aunque, como dice la RAE, es admisible acentuarlas si los diptongos se pronuncian como hiatos.

Pero atención: rio (pasado de reír) no lleva tilde porque, según lo dicho anteriormente, la i y la o forman un diptongo, con lo que la palabra es monosílaba; pero río de corriente de agua sí se acentúa porque se marca el hiato en la pronunciación. Lo mismo pasa con pio (pasado de piar) y pío, que es una persona devota o también la onomatopeya del sonido que emiten los pollitos y los pajaritos. Ejemplos: «Yo me río mucho», «Él se rio ayer», «El río Ebro».

Los correctores automáticos del Word y otros procesadores de texto nos van a dar como erróneas algunas de estas palabras, por lo que conviene ir a la web de la RAE, escribir el infinitivo del verbo objeto de duda (reír, freír, huir…) y pulsar el botón de «conjugar»; ahí podremos ver todos los tiempos verbales conjugados.

La famosa tilde diacrítica

Los monosílabos no se acentúan salvo excepciones. En ocasiones, aunque no siempre, ponemos una tilde diacrítica para diferenciar palabras aparentemente iguales con funciones gramaticales distintas. Pero no ocurre lo mismo con otras palabras bisílabas: como todo el mundo sabe y con frecuencia critica, solo ya no se acentúa en ningún caso. Y tampoco este, ese, aquel ni sus variantes de género y número, ya tengan función de pronombres o de demostrativos.

En general, la tilde diacrítica se pone en los monosílabos en las formas tónicas, las que pronunciamos con mayor intensidad, y no se pone en las formas átonas. Pero también hay excepciones. Por ejemplo, la letra te (tónica) no se diferencia con una tilde del pronombre te (átono), o las notas musicales mi, si (tónicas) no llevan tilde que las diferencie del posesivo mi o la conjunción si.

De momento, la RAE nos dice que sí pongamos tilde diacrítica en los siguientes casos:

del verbo dar («Quiere que le dé la razón»). NO se pone tilde en de preposición («No tengo nada de dinero», ni al referirnos a la letra de.

Él pronombre («Él es el hombre de mi vida»). NO se pone tilde en el artículo («El día más largo»).

Más podríamos decir que siempre se acentúa porque lleva tilde cuando es adjetivo («Ahora tengo más trabajo»), cuando es adverbio («Tú eres más alta»), cuando es conjunción con valor de suma («Dos más dos son cuatro»), cuando es pronombre («Sírveme más») y cuando es sustantivo («Pon un más en la cuenta»). NO se pone tilde a mas cuando equivale a pero, función que no suele utilizarse casi nunca por lo cursi o literario que resulta: «Te contrataría, mas temo las críticas».

se tilda cuando es pronombre («Lo quiero para mí»). NO se pone tilde cuando mi es posesivo («Mi vida es complicada») ni cuando se refiere a la nota musical.

lleva acento gráfico cuando es la primera persona del verbo saber («Sé que me quieres»). NO se pone tilde a se en sus usos pronominales ni impersonales ni de pasiva refleja («Se quieren como el primer día», «Se vende plaza de garaje»).

tiene tilde cuando es adverbio de afirmación («Sí, quiero»), cuando es pronombre reflexivo («Solo piensa en sí misma») y cuando es sustantivo («Se dieron el sí»). NO lleva tilde si cuando es conjunción («Si vienes, te espero»), ni cuando es una nota musical.

lleva tilde cuando se refiere a la infusión, y por alguna razón que no comprendemos también lleva tilde tés, en plural. Los tés de taza, sustantivos masculinos, no podrían confundirse con las tes, letras, femeninas, pero la RAE así lo manda. NO lleva tilde te ni cuando es una letra ni cuando es un pronombre («Te dejo solo»).

Tú lleva tilde cuando es pronombre («Tú eres la mejor»). NO lleva tilde tu cuando es posesivo («Tu risa es contagiosa»).

Otros monosílabos (o no) con tilde diacrítica (o no)

Aún o aun puede ser monosílaba o bisílaba, según se pronuncie. Lleva tilde cuando puede sustituirse por todavía con significado temporal, ponderativo o intensivo: «Aún es de noche», «Aún es más caro», «Aún me gusta más». Cuando puede sustituirse por hasta, tambiénincluso, aunque, se escribe sin tilde: «Aun a ciegas, me lo quedo», «Te humillará aun cuando te vea en las últimas», «Aun así no me rindo», «Aun sabiendo que no vendrás, te esperaré».

Los monosílabos cual, cuan, que y quien no llevan tilde si son átonos («Cada cual que se ocupe de lo suyo», «Se tumba cuan largo es», «Que no me digas nada», «Quien quiera que se vaya») y la llevan cuando son tónicos («Son a cuál más bobo», «Cuán abandonado me tienes», «No tengo con qué pagar», «No sé quién se va a ocupar», con independencia de si se acompañan o no de signos de admiración o interrogación.

O no lleva tilde nunca, ni siquiera cuando va entre dos números, como se hacía antes, porque la RAE considera que las tipografías actuales diferencian claramente las cifras de las letras y que está claro que aquí pone 1 o 2 y no 102.

¿Complicado? Pues sí, pero para eso estamos los correctores profesionales. Si quieres que tus textos estén perfectos, llámanos.

¿Por qué necesitamos los emoticonos?

Los emoticonos son necesarios, y no solo cuando escribimos con ironía a un amigo sin sentido del humor, sino también en el mundo profesional.

Emoticonos son necesarios

Decía George Hills, el periodista, escritor y profesor hispanobritánico con el que generaciones de periodistas aprendieron su oficio, que «las paredes oyen, pero oyen muy mal porque no ven». Con la escritura es peor: ni vemos a nuestro interlocutor y ni siquiera le oímos, por eso es tan fácil malinterpretar un mail o un wasap.

En estos tiempos en los que los clientes no abundan es más importante que nunca tenerlos contentos. Una mala redacción o una interpretación equivocada no pueden hacer que nuestro destinatario se mosquee. Por supuesto que lo primero es escribir bien y dominar la manera correcta de expresar con fidelidad lo que queremos decir, pero añadir un emoticono en el momento justo puede disipar cualquier duda en el destinatario; es más, igual conseguimos que nos quiera más que a otro.

Los emoticonos son útiles

El Diccionario de la RAE recoge el término emoticono como una palabra formada por emoción e icono, y lo define como «símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente».

Cada día usamos más el correo electrónico y menos el teléfono para nuestras comunicaciones profesionales. El mail es rápido y la información queda por escrito, con lo cual no hay posibilidad (o no debería haberla) de decir: «Tú no dijiste eso sino lo contrario» o «No quedamos así sino asá».

El correo electrónico tiene grandes ventajas, pero también el gran inconveniente de que aumenta las probabilidades de conflictos por mala interpretación. Esto es así porque en un texto no hay tono, voz, gestos, sonrisas, dudas, ironía… Falta el lenguaje no verbal. Aunque uno tenga dotes de escritor romántico, corre más riesgo de que sus emociones no sean correctamente interpretadas en un escrito, donde el lenguaje es, en cierto modo, incompleto.

Eso sin contar con que mucha gente escribe fatal (los correctores damos fe de ello), que puede ser impulsiva, que a menudo responde los correos o los wasaps a toda velocidad, sin tiempo para reflexionar, sin ponerse las gafas, en el metro, desde el móvil… Unos cuantos golpes de pulgar y ya le damos a la tecla fatídica: «enviado desde mi iPhone».

Los emoticonos son necesarios porque contribuyen a humanizar nuestros correos y nuestra imagen en redes sociales. Esas caritas simples provocan una reacción positiva en el destinatario porque nuestro cerebro está genéticamente dispuesto a prestar atención a los rostros humanos. Un emoticono disipa dudas, suaviza cualquier mensaje crítico, ofrece un plus de amabilidad y, aunque decir esto parezca más ñoño que un teletubbie, contribuye a crear un entorno más feliz.

Modo de empleo de los emoticonos

Sin embargo, dicho todo lo anterior, tampoco podemos ir poniendo caritas como si tuviéramos 15 años. Hay unas normas de uso:

  • No utilices un emoticono en las primeras comunicaciones por correo electrónico con un nuevo cliente. Tómate un poco de tiempo para conocerle antes de ponerle caritas; o sea, igual que en las relaciones de pareja: no pretendas intimar antes de tiempo.
  • Puedes y debes usar emoticonos en las redes sociales de tus clientes, como Facebook y Twitter. Los emoticonos tienen un gran poder social.
  • No te pases con los emoticonos, con una carita es suficiente, no es necesario poner tres ni siete.
  • Da igual que tu dispositivo tenga un emoticono para cada situación en la que pueda encontrarse el ser humano; limítate a los básicos: sonrisa, tristeza, guiño y poco más.
  • Relee tu texto antes de enviarlo, cuida tus saludos y despedidas, y si sospechas que algo puede malinterpretarse, emoticono al canto.
  • El correo electrónico no reconoce el sentido del humor ni la la ironía. Si eres graciosillo o utilizas el doble sentido, pon una sonrisa :-)

El ‘delete’ y el ‘deleatur’

Hoy es el Día Internacional del Corrector de Textos, así que felicitamos a todos los que os dedicáis a esta incomprendida labor y, de paso, nos felicitamos también a nosotros mismos, que falta nos hace.

signo de suprimir

Hemos ilustrado y titulado este post con el símbolo que más utilizamos los correctores: el deleatur, una palabra latina que no figura en el diccionario de la RAE y que por eso ponemos en cursiva, pero que podemos castellanizar en «deleátur», con el permiso de la Academia.

Nos gusta este símbolo que nos distingue como correctores y que utilizamos para indicar a la imprenta que algo debe suprimirse, aunque la mayoría ni siquiera conoce su nombre y lo denomina «el símbolo de suprimir».

En estos tiempos de uso y abuso de anglicismos todo el mundo conoce la palabra delete, incluso muchos exclaman cosas como «¡Dale al delete!» o valoran que tal programa «deletea automáticamente los datos». Sin embargo, muchísimas personas (incluidos correctores) ignoran que en latín existe la palabra madre deleatur, cuyo significado es borrar, tachar, destruir, aniquilar; o sea, como delete en inglés y como indica el deleátur en la corrección de textos.

Las paradojas del corrector de textos

El Día Internacional del Corrector de Textos fue instaurado por primera vez en 2006 por la Fundación Litterae de Argentina, y se celebra el 27 de octubre porque coincide con el día en que nació el pensador y divulgador humanista Erasmo de Rotterdam. O no. Se ignora si Erasmo vino al mundo el 26 o el 27, y no se sabe de qué año. Lo cual, aunque probablemente no haya sido deliberado, viene al pelo para conmemorar la labor de los correctores de textos que somos quienes debemos dudar de todo.

Por un lado, se supone que sabemos verificar los textos que confían a nuestro criterio, eliminar fallos, corregir errores, detectar imprecisiones; por otro, casi nunca estamos seguros de nada. Y mejor que sea así. Nuestro consejo a la hora de diferenciar a un buen corrector de uno malo es: desconfiad de quien no consulta permanentemente diccionarios, gramáticas, ortografías y enciclopedias; el que parece saberlo todo rara vez resulta un buen corrector.

Otra paradoja de nuestro trabajo es que solo se nota cuando lo hacemos mal. El lector no percibe si el original que nos dieron era un texto atroz plagado de meteduras de pata: si el resultado final está bien, parecerá que el autor lo escribió bien. Por el contrario, si se nos escapa un solo gazapo, el corrector ortotipográfico o de estilo será el responsable, por más que haya enmendado cientos de desatinos en una sola página.

Búsqueda y captura de errores

Se ha celebrado en Madrid el Tercer Congreso Internacional de Correctores de Texto en Español (3CICTE), los días 24, 25 y 26 de octubre, en la Casa del Lector, una institución que nos gusta especialmente. Y hoy la Unión de Correctores anima a que la gente participe buscando erratas y errores por las calles. No es difícil. Nosotros tenemos lista de espera en nuestro Facebook para incluir las que nos envían los seguidores y las que detectamos cada vez que leemos un periódico, cuando entramos en una web, miramos un anuncio o comprobamos el nombre de una calle.

La era de los correctores automáticos de textos es también la era en la que más escribimos y leemos. La informática nunca podrá sustituir a un corrector profesional, que conoce la complejidad de nuestra lengua, que pone en duda todo lo que lee, que sabe las reglas de su oficio.

En fin, que larga vida al deleátur y a los correctores de textos. Los correctores somos necesarios.

Modo de empleo de la coma (3)

Las comas que no hay que poner

En dos entradas anteriores sobre el uso de este signo de puntuación, hemos visto las comas que son obligatorias para hacernos entender correctamente y las comas opcionales. Ahora vamos a ver las comas que no debemos poner de ninguna manera.

 

Comas incorrectas

Prohibido poner coma

Cuando hablamos hacemos pausas que sería incorrecto reflejar en el lenguaje escrito. Es el caso de frases de este estilo: «Los niños que han sido amamantados durante un periodo de doce meses tienen menor riesgo de padecer obesidad en la edad adulta». Esto va sin comas, aunque el lector se ahogue. El sujeto de esta oración es «Los niños que han sido amamantados durante un periodo de doce meses», y entre el sujeto y el verbo de la oración no se coloca coma jamás. Es un error muy común el ponerla. Al hablar o leer se haría una pausa: «Los niños que han sido amamantados durante un periodo de doce meses // tienen menor riesgo de padecer obesidad en la edad adulta», pero no se debe marcar en la escritura. Así que…

Entre el sujeto y el verbo principal de una oración no va coma jamás. O sea, eso que nos decían en el cole, no se pone coma entre el sujeto y el predicado. Ejemplo: «Quienes hayan suspendido el examen de junio deberán presentarse en septiembre». Aquí es normal hacer una pausa después de junio, pero solo al hablar; en el lenguaje escrito no se pone coma porque sería incorrecto.

Solo pondríamos coma si hubiera un inciso: «Quienes hayan suspendido el examen final de junio, aunque la media les dé aprobado, deberán presentarse en septiembre».

Lo mismo ocurre cuando el sujeto tiene varios elementos separados por comas: «Mi familia, mis compañeros, mis vecinos, mis amigos me han dado de lado». El sujeto es «Mi familia, mis compañeros, mis vecinos, mis amigos», y aunque al hablar se diga «Mi familia, mis compañeros, mis vecinos, mis amigos // me han dado de lado», no ponemos la coma.

La excepción, lo vimos en el post anterior sobre la coma, se da cuando una enumeración termina con un etcétera: «Mi familia, mis compañeros, mis vecinos, mis amigos, etc., me han dado de lado».

Después de pero y antes de interrogación o admiración. Otra pausa que suele hacerse cuando hablamos es después de pero, aunque, mas… cuando estos elementos van seguidos de admiración o interrogación: «Pero ¿por qué me haces tanto daño?»; «Aunque ¡quién sabe dónde acabará!»; «Mas ¿para qué preocuparse?». Estas frases no llevan nunca coma antes del signo de admiración o interrogación; es incorrecto.

No va coma antes de que con sentido consecutivo en las expresiones que utilizan tanto que o tal que. «Hace tanto frío que me cuesta hasta hablar», «Han llegado a tal punto que no se saludan». Nuevamente vemos que en la lectura o al hablar se realiza una pausa, pero no se marca con coma en la escritura.

Cualidades contrapuestas. No se pone coma en frases breves que indican características contrapuestas: «El tráfico es lento pero sin paradas», «El sueldo es bajo aunque suficiente».

Una excepción antes de sino. La conjunción adversativa sino lleva una coma delante, como vimos en un post anterior; por ejemplo: «El problema no es la corrupción, sino la impunidad». Existe una excepción cuando sino equivale a más que, otra cosa que, salvo, excepto o aparte de. «¿Quién es el responsable de la corrupción sino el presidente de la compañía?». Ese sino equivale a más que, por lo que no lleva coma antes.

En oraciones causales del enunciado no se pone coma. Decimos «Está gordo porque come mucho», y con ello queremos expresar que atiborrarse es la causa de su gordura. Sin embargo, si queremos expresar una causa real del hecho, ponemos coma: «Come mucho, porque está gordo»; en esta frase deducimos por qué está gordo.

En las repeticiones. No debe ponerse coma en esas frases en las que repetimos: «Muy muy pronto estaré de vuelta», «La mujer mujer debe comportarse como diga el ministro», «Es un hombre tan tan agradable que todos le adoran».

En el encabezamiento de las cartas o correos electrónicos no va coma. Es incorrecto escribir: «Querido Juan, / Te mando el archivo adjunto». En español se usan los dos puntos para este caso: «Querido Juan: / Te mando el archivo adjunto». Sí es correcto «Hola, Juan. / Te mando el archivo adjunto». (En estas frases la barra indica cambio de línea).

También hay que saber

La coma se escribe pegada a la palabra anterior, y después se deja un espacio.

Para más ejemplos, consultad la RAE y su magnífica Ortografía.

Modo de empleo de la coma (2)

Las comas obligatorias

En una entrada anterior vimos las comas que pueden ponerse o no, según criterio del que escribe. Ahora repasamos las que recomienda la RAE para hacernos entender fielmente y escribir con corrección.

Las comas obligatorias

En el primer post del Modo de empleo de la coma ya dijimos que a nosotros nos gusta comernos la coma cuando es posible, pero hay algunas que tienen que estar:

En los vocativos. El vocativo es la palabra o palabras que nombran al interlocutor; se utilizan para llamarlo, citarlo o dirigirse a él. El vocativo va siempre entre comas o seguido o precedido por una coma. Por ejemplo: «Felicidades, campeones»; «Perdóneme, querida señora»; «Hola, Ángel»; «Sabes, María, que te apoyo»; «A comer, niños»; «¡Ay, hijo mío, si tú supieras!»; «Adiós, Mariano». Ojo, porque si decimos: «Dije adiós a Mariano», el nombre ya no es un vocativo, la frase no se dirige directamente a Mariano, sino que lo nombra en tercera persona. La coma del vocativo se pone sí o sí.

En las interjecciones. «Bah, olvídalo»; «Uf, qué mal rollo»; «Si supieras, ay, cuánto lo siento».

Cuando el verbo está elidido. Ponemos coma cuando omitimos un verbo: «Los días son calurosos; las noches, frías», porque en realidad estamos diciendo: «Los días son calurosos; las noches son frías». «Cuatro por tres, doce» («Cuatro por tres son doce»). «Yo como mucho; mi hermano, poco» («Yo como mucho; mi hermano come poco»). Esta coma tiende a no ponerse, pero usarla nos hará parecer más cultos.

En los incisos. Hay que poner dos comas que marquen el principio y final de toda frase en la que se inserte un inciso, un dato accesorio, un comentario, una precisión. «Mi jefe, que es un capullo, se puso furioso». Podemos poner comas en frases que también podrían ir entre paréntesis o rayas: «Mi jefe, ¡no te lo pierdas!, no vino a trabajar» o «Todo el departamento, incluido mi jefe, ha votado a favor de la huelga».

Adjetivos explicativos. También los adjetivos explicativos van entre comas: «Mis colegas, hartos, han decido ir a la huelga». En este tipo de frases es importantísimo poner las comas, porque no hacerlo es cambiar el sentido: «Mis colegas hartos han decidido ir a la huelga» significa que solo harán huelga los que están hasta el moño.

Enumeraciones. Para separar los elementos de una enumeración: «Yo como de todo: carne, pescado, huevos y verduras».

Para explicar una palabra que se acaba de mencionar: «Tiene dinero, dinero que ha conseguido sin necesidad de trabajar».

En las oraciones coordinadas encabezadas por adverbios correlativos como bien… bien, ora… ora, ya… ya. «Quedamos mañana sin falta, bien en tu casa, bien en la mía»; «Habrá quien le vote, ya por convicción, ya por sacar beneficio». Igualmente se pone coma si estas frases comienzan por o: «A ciertas edades, o bien te duele algo, o bien estás muerto».

No solo esto, sino lo otro. Se pone coma en esta construcción muy frecuente: «No solo se comió lo suyo, sino lo mío».

En oraciones coordinadas, la coma va delante de nexos adversativos como peromasaunquesino…; también se pone delante de nexos consecutivos, como luego, conque… y ante los nexos causales ya que, de manera que, así que, puesto que… Nosotros aquí somos disidentes y en nuestro trabajo como correctores no siempre la ponemos; depende de la frase y, sobre todo, de su longitud. Por ejemplo, nos gusta más «Pienso luego existo» que «Pienso, luego existo».

Cuando la subordinada se coloca delante de la oración principal. Se pone coma si la frase es larga y los complementos preceden al verbo: «Aunque parezca mentira, me pongo colorada cuando me miras», pero no cuando la frase es corta: «En casa no como bien», «Si lo sé no vengo».

Después de los enlaces como es decir, por un lado, sin embargo, no obstantepor regla general, en cambio… se pone coma. «Por un lado, me gusta; por otro, le detesto». Se pone coma después y delante de estos enlaces cuando van en medio de una oración: «Yo como pronto, generalmente, a la una».

Para aclarar el sentido. Nuestra lengua puede tener distintos significados dependiendo de dónde pongamos la coma. «Me he vestido como me dijiste» no es lo mismo que «Me he vestido, como me dijiste». Algunas palabras varían su significado si llevan una coma detrás o no, por ejemplo mientras, así, luego… «Así preparó la cena» (de este modo) no es lo mismo que «Así,  preparó la cena» (por lo tanto).

Después de etc. Cuando el sujeto es una enumeración que termina con etc. se pone coma antes del verbo. «Directores, productores, actores, guionistas, decoradores, etc., han firmado en contra de la nueva ley». Este caso es una excepción a la norma conocida de no poner coma entre el sujeto y el verbo de una oración.

En las cláusulas de infinitivo, gerundio o participio con valor de complemento circunstancial. «De haberlo dicho, no hubiera asistido»; «Comiendo en su casa, le dio un infarto»; «Terminada la cena, se fue a la cama».

Puede que se nos olviden algunas. La norma es acordarse de que las comas son necesarias para entender el texto, por lo que es importante repasar todo lo que escribamos fijándonos en que exprese lo que queremos transmitir, sin errores y sin faltas. No hay que pasarse, pero tampoco quedarnos cortos.

En la siguiente entrada, veremos los casos en los que nunca hay que poner coma. O bien podríamos haber escrito: En la siguiente entrada veremos los casos en los que nunca hay que poner coma.

Modo de empleo de la coma (1)

Hay comas opcionales, comas obligatorias y comas imposibles. Repasamos su modo de empleo.

¿Dónde va la coma?

Todos aprendimos que la coma se utiliza para marcar una pausa breve en el discurso. Sin embargo, debemos dejar de pensar que las comas tienen relación directa con el lenguaje oral.

Los periodistas de medios hablados, como la tele o la radio, saben que a menudo se ponen comas de más para facilitar la locución y marcar pausas que hagan más comprensible el discurso, pero muchas veces esas comas son incorrectas en el lenguaje escrito. En la lectura hacemos pausas que no debemos marcar en un texto con pretensiones de ser correcto.

La intención de la coma

Hay comas que dependen del gusto o la intención de quien escribe, como ocurre con otros signos de puntuación, pero sería un grave error creer que la coma es prescindible. A veces la omisión de una coma o su colocación centímetros más allá o más acá puede significar todo lo contrario o algo bien distinto de lo que queríamos expresar.

En este sentido, recomendamos la lectura de «Perdón imposible», del filólogo José Antonio Millán, una guía amena sobre el mal uso de la coma y sus fatídicas consecuencias. La anécdota que da título al libro se atribuye a Carlos V, aunque hay fuentes que se la endosan a otros reyes. Cuenta que le pasaron al emperador una sentencia para su firma que decía: «Perdón imposible, que cumpla su condena». El monarca, antes de firmar, cambió la coma de lugar: «Perdón, imposible que cumpla su condena», algo que sin duda celebró el afectado (o agraciado, mejor dicho).

Las comas opcionales

Empezamos por decir que hay comas opcionales y que aunque la RAE las recomiende, si el que escribe ve que su discurso se entiende perfectamente con menos comas sin incurrir en una barbaridad, hará bien en suprimirlas. Los textos llenos de comas resultan poco ágiles.

Cuando se invierte el orden lógico de una oración se pone coma: «Antes de un mes, le despiden». Pero en estas frases cortas es preferible no poner la coma. Un ejemplo claro es la frase con la que iniciamos este párrafo: «Se pone coma cuando se invierte el orden lógico de una oración», «Cuando se invierte el orden lógico de una oración, se pone coma»; nos gusta más sin ella. Se podría escribir «Si lo sé, no vengo», pero creemos que queda mejor «Si lo sé no vengo».

Es conveniente, pero no obligatoria, delante de salvo, excepto y menos. «Saldremos temprano, salvo imprevistos»; «Me gustan las verduras, excepto las zanahorias»; «Perdono todo, menos la traición». Estas frases también podrían escribirse sin comas.

En determinados casos, la coma es opcional para separar los adverbios. «Mi jefe no es evidentemente conciliador» o «Mi jefe no es, evidentemente, conciliador».

Cuando los complementos circunstanciales o verbales son cortos, las comas no son necesarias y ni siquiera convenientes. Podría ponerse «Por las noches, no suelo despertarme», «Del alquiler, no llegamos a hablar»,  «Ayer, fuimos al cine todos juntos», pero estas frases ganan sin comas.

En el siguiente post veremos las comas obligatorias.

El punto y coma también existe

Sabemos de gente que no lo ha usado nunca, pero el punto y coma también existe y tiene su utilidad. Aprender dónde soltarlo nos hará escribir mejor.

Uso del punto y coma

Todo el mundo estudió que el punto y coma era un signo de puntuación que marcaba una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto, algo intermedio. Sin embargo, eso no es decir mucho, porque a la gente no le queda claro dónde colocarlo ni cuál es ese punto medio.

El punto y coma se usa tan poco que, cuando alguien lo domina, resulta hasta elegante. Tener la clave del punto y coma, saber ponerlo si viene al caso, nos va a ayudar a escribir mejor.

Primera ocasión para poner un punto y coma

Si queremos escribir bien, hay que usar el punto y coma cuando hacemos una enumeración de frases relacionadas que ya llevan comas. Por ejemplo:

  • Mi padre vino el domingo; mi madre, el lunes; mi marido, hoy por la mañana.
  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura; la cerveza, caliente.

En estos casos, si ponemos la conjunción antes del último elemento de la enumeración, podemos sustituir el punto y coma por una coma:

  • La comida estaba mala; la sopa, fría; la carne, dura, y la cerveza, caliente.

Segunda ocasión para poner un punto y coma

En las oraciones independientes que tienen relación entre sí ponemos punto y coma. Por ejemplo:

  • Todo el mundo a escribir; demostrad lo que sabéis.
  • Estamos haciendo obras en casa; hemos tirado tabiques, renovado el suelo….

En estas frases, el punto y coma podría sustituirse también por un punto y seguido, o incluso por dos puntos.

Tercera ocasión para poner un punto y coma

Antes de una frase que comienza por un conector adversativo, concesivo o consecutivo (pero, aunque, por lo tanto, sin embargo, no obstante…) se puede colocar un punto y coma. Por ejemplo:

  • Quiere demostrar que sabe utilizar el punto y coma; sin embargo, no siempre acierta.
  • Pone un montón de acentos cuando escribe; aunque en los lugares equivocados.

Otras veces no es necesario el conector, pero la segunda frase podría llevarlo, y se entiende su relación con la primera y su sentido contrapuesto. Aquí el punto y coma viene al pelo:

  • Mi padre escribe muy bien; a mí se me da fatal.

Cuando la segunda frase es corta se puede emplear una coma en lugar del punto y coma:

  • Escribe mucho, pero escribe mal.

Por el contrario, si la segunda frase es larga, se recomienda  utilizar un punto en lugar del punto y coma.

  • Escribe un rato todos los días desde que aprendió a hacerlo en la escuela. No obstante, sigue escribiendo con muchos errores y mala caligrafía.

Cuarta ocasión para poner un punto y coma

La RAE recoge una cuarta ocasión en la que aconseja poner punto y coma: detrás de cada elemento de una lista o relación que va detallada en líneas independientes:

La reunión de hoy tendrá los siguientes puntos:

  • punto y aparte;
  • punto y seguido;
  • punto y coma;
  • puntos suspensivos;
  • dos puntos;
  • punto final.

A nosotros no nos gusta este uso del punto y coma al final de cada línea. En Balloon también hacemos trabajos de diseño y maquetación, y nos parece que esta elección ensucia visualmente la página. Preferimos no poner nada o bien terminar con un punto.

Como se  ve en el ejemplo, estas enumeraciones empiezan con minúscula porque después del punto y coma se escribe siempre en minúscula; y la última línea termina con punto.

Una cosita más

El plural de punto y coma es invariable:

  • Tenéis que aprender a poner los punto y coma donde proceda.

Para que suene mejor, se puede recurrir a un truco:

  • Tenéis que aprender a poner los signos de punto y coma donde proceda.

Y dicho todo esto, los signos de puntuación son imprescindibles para comprender un texto y para hacernos entender con precisión, pero también son interpretables en algunas ocasiones. Ahí radica su encanto: pueden trasmitir una postura tajante, una duda, un estado de ánimo, un matiz… El uso del punto y coma es necesario a veces, pero otras resulta opcional y completamente subjetivo; aunque a nosotros nos gusta.